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miércoles, 24 de octubre de 2012

El Duque de Alba: la leyenda crece

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La guerra contra Francia y la batalla de Mülhberg

Retrato ecuestre de Carlos V
Fernando Álvarez de Toledo se estaba convirtiendo, poco a poco, en uno de los adalides de los aguerridos Tercios y en hombre de confianza del Emperador Carlos V. Pero su carrera sólo había hecho que comenzar. Francia jamás había renunciado a sus pretensiones italianas ni a sus intereses sobre los territorios hispánicos del lado franco de los Pirineos.



Desde 1535 las escaramuzas contra los franceses se venían sucediendo con mayor frecuencia hasta tal punto que la situación era ya insostenible. A punto de estallar la guerra, Alba se opuso a comenzar la campaña sitiando la ciudad de Marsella. Este puerto estaba muy bien defendido y un asedio prolongado habría dado muy pocos beneficios y hubiera permitido reorganizarse a un ejército francés debilitado por los conflictos bélicos anteriores. Fernando recomendó encarecidamente atacar Lyon, pero sus estrategias fueron desoídas; el tiempo acabó dándole la razón. Las tropas imperiales sitiaron Marsella pero su situación era precaria y los soldados estaban sometidos a un hostigamiento constante por los defensores. La retirada se presentó como la única opción viable.


El Duque de Alba estableció una zona de desembarco segura para que Andrea Doria descargase los suministros que las tropas necesitaban. Bien pertrechadas, las tropas del Emperador se retiraron garantizando Alba una buena cobertura. En los combates cayó su amigo, y clásico de la literatura española, Garcilaso de la Vega. Alba pasó todo el año de 1537 en España mientras se negociaba una tregua con Francia. En julio de ese año pereció su padre. Y en 1538 formó parte del séquito imperial que firmó el tratado de paz con los franceses en la ciudad de Niza.


Con una Europa temporalmente pacificada, el Emperador Carlos V tuvo libertad de acción para sumergirse en nuevas empresas. Ese mismo año convocó Cortes en Toledo con la intención de obtener fondos para preparar una nueva expedición a la ciudad de Argel. Las Cortes denegaron la petición imperial y Carlos V hubo de acatar esta decisión ante una inesperada sublevación en su ciudad natal: Gante. Los insurrectos protestaban contra las altas tasas imperiales y sembraron el caos en las calles. Alba participó en la represión y el conflicto quedó apaciguado rápidamente. Los rebeldes pidieron ayuda a Francisco I. Pero éste, se la negó debido al reciente tratado de Paz; además permitió el libre paso de los ejércitos españoles y agasajó a Carlos V con grandes festejos. Sin la ayuda extranjera los insurrectos fueron fácilmente controlados y reducidos por la fuerza.


En 1541 se planificó una nueva expedición contra Argel. Fernando Álvarez de Toledo estaba en Cartagena preparando a sus tropas para un desembarco. Pero debido al pésimo tiempo muchos buques se hundieron o se encallaron imposibilitando la operación. Tras estos inconvenientes, la campaña se postergó ante un nuevo conflicto con los franceses. El ataque de Francisco I contra los territorios navarros y del Rosellón era inminente y el Emperador encomendó a Alba la defensa.


Éste optó por una táctica de disuasión. Fortificó la frontera Navarra y la plaza de Perpiñán. El grueso de su ejército de campo lo situó en Gerona para un contraataque en caso de una hipotética ofensiva francesa. Además se ganó el apoyo de la población local. Como solía tener por costumbre, el Duque de Alba hizo acampar a sus huestes fuera de pueblos y núcleos habitados minimizando así el impacto sobre la población civil. También hizo que la mayor parte de vituallas se comprasen a la población local. Aunque parezca mentira y muchos se empeñen en pensar lo contrario, las tropas castellanas seguían esta directriz a rajatabla salvo en casos excepcionales.


La población local agradecía el gesto suplicando que el Duque se alojase en sus villas (algo a lo que siempre renunció) y abasteciendo de víveres a los soldados.  Francisco I no cayó en la trampa y siendo consciente de la solidez y brillante disposición de la línea defensiva española no se atrevió a emprender una acción que le hubiese ocasionado duras pérdidas que no estaba dispuesto a asumir.  El ejército francés se retiró.


En 1543 el Emperador parte hacia los Países Bajos dejando a su hijo Felipe como regente y a Alba como Capitán General de todos los ejércitos de la Península. Ese mismo año preparó la boda del Príncipe con María de Portugal. En 1544 firmó la paz de Créspy que terminaba con los últimos conflictos entre españoles y franceses. Una de las condiciones era la boda entre María, hija de Carlos V, y el Duque de Orleáns. La dote de María sería el Milanesado o los Países Bajos. Alba recomendó encarecidamente ceder Flandes pero el Emperador no estaba dispuesto a renunciar a su territorio natal y se inclinó por Milán.


De todas maneras, no se perdió ni uno ni otro porque el Duque de Orleáns murió en septiembre de 1545, antes de que se produjese la cesión por lo que ésta quedó invalidada. En enero de 1546 marchó a Utrecht, donde se le recompensó con un puesto en la Orden del Toisón de Oro; en abril estaba en Ratisbona, lugar elegido por el Emperador Carlos V para acabar con la Liga de Esmalkalda. Mientras esperaban el grueso de las huestes imperiales, Carlos y Alba se refugiaron en la plaza de Landshut, al sur. Las tropas de Carlos V, se fueron congregando poco a poco en Ingolstadt y cuando todos los preparativos estuvieron listos, el ejército partió en busca del enemigo.


Los protestantes evitaron el enfrentamiento campal y se retiraron. Alba optó por no perseguir al enemigo aprovechando para recuperar el control de varias plazas situadas en los márgenes del Danubio. Estos movimientos provocaron la rendición y sumisión de muchos príncipes luteranos pero pese a todo, los principales líderes de la Liga: Juan Federico –Duque de Sajonia- y el Landgrave de Hesse, Federico; continuaron con su oposición. El Duque de Sajonia se batió con éxito hasta que Carlos V y Alba, al frente de las tropas, se dirigieron hacia el Elba y cruzaron el río a la altura de Mülhberg durante la noche del 23 de abril de 1547.


Mülhberg, la consagración del mejor militar de la época



Disuelto el ejército de la Liga de Esmalcalda en noviembre de 1546, sólo quedaba un único foco de resistencia en toda Alemania que Fernando, hermano de Carlos V, y rey de Bohemia y Hungría no lograban controlar. El retorno de Juan Federico y sus tropas no hizo más que agravar esta situación. Al final el Emperador no tuvo más remedio que intervenir enviando al marqués Alberto de Brandemburgo  al frente de un ejército alemán compuesto de 4500 infantes y 1800 caballos.

El marqués recibió el refuerzo de 2000 caballeros, proporcionados por Fernando y 1500 más aportados por Mauricio de Sajonia. El objetivo teórico era sitiar a las fuerzas protestantes e impedir su libre movimiento destacando las tropas en Dresde, Freiberg, Zuibeck  y Leipzig. En principio la situación se sostuvo y ninguno de los bandos dio ningún paso por el momento. Las huestes imperiales se mostraron poco resolutivas y el propio Emperador decidió poner rumbo a Ulm con el grueso de sus fuerzas. Juan Federico, probablemente al tanto de estas noticias, fue el primero en golpear.
  
Acudió con gran parte de sus fuerzas a provocar al marqués de Brandemburgo, mientras que enviaba el resto de sus tropas a la región de Bohemia. Alberto cayó en la trampa y prefirió dar una batalla en vez de defender la plaza. Su caballería fue desbaratada y el marqués tomado como prisionero. Las cosas no iban bien para las fuerzas imperiales. 

Carlos V tenía bajo su mando a los Tercios de Nápoles, Hungría y Lombardía tres regimientos de infantería alemana, dos Tercios Viejos comandados por Mariñano y Madrucho y uno bisoño al mando del caballero Hanzbalter. También contaba con 2000 caballos y varias compañías de arcabuceros. Con estas fuerzas partió Carlos a someter a Juan Federico adelantándose el Duque de Alba para preparar la arribada del Emperador a Nuremberg.

El duque de Sajonia tenía su campo en Maizen y contaba con 6000 infantes, 3000 caballos y 21 cañones. Las tropas imperiales no le dieron tregua y marcharon en su persecución para obligarle a pasar estrecheces de suministros y evitar que tuviese tiempo de convencer de su causa a más alemanes. Las fuerzas protestantes fueron sometidas a un duro acoso durante su retirada. Juan Federico intentaba huir hacia Wittenberg siguiendo la orilla del Elba desde Maizen. El elector de Sajonia había ordenado quemar todos los puentes de la zona que cruzaban el río. Carlos V envió destacamentos de reconocimiento y finalmente obtuvieron noticias de que Juan Federico se alojaba en la villa de Mulhberg y que además, según la población local, allí había un vado que, no sin peligro, permitía cruzar el Elba.

El Emperador dio orden de cruzar al grueso de su ejército y de dar batalla a los luteranos impidiendo otra retirada. La operación tenía muchos riesgos ya que las tropas enemigas, bien parapetadas al otro lado, podían defender eficazmente la orilla opuesta. Aún así, la orden se acató y las tropas partieron tras la artillería y la caballería dispuestas a cruzar el vado y presentar batalla en Mulhberg. Las tropas imperiales se colocaron en un punto apto para pasar el río en el que además estaban cubiertos por bosque que impedía que el enemigo los divisase.
El cruce del Elba y la batalla de Mülhberg

El duque de Alba envió a decenas de exploradores a obtener información de la población local para saber con exactitud dónde estaba el vado. Además envió a 100 arcabuceros españoles y 400 caballos húngaros a reconocer la villa de Torgau pues dicho pueblo tenía un puente que permitía cruzar el río. Sin embargo, los exploradores encontraron gente dispuesta a colaborar en venganza a las injusticias que cometían contra ellos las tropas del elector de Sajonia. En concreto, un villano informó de donde se hallaba el vado y se ofreció a cruzarlo con las tropas a modo de guía. También se obtuvo confirmación de que Juan Federico se hallaba efectivamente en Mulhberg.

Los protestantes tenían sus barcas pegadas a su orilla preparadas para usarse ante cualquier vicisitud. La orilla enemiga tenía una buena pendiente y además los arcabuceros enemigos contaban con un muro que les proporcionaba cobertura.
Tras reconocer la zona y sufrir algunas salvas de la artillería rebelde. El duque de Alba partió a informar al emperador.

Carlos V avanzó al frente de varios cañones escoltados por unos 1000 arcabuceros españoles hacia los bosques. Allí se dispusieron los cañones y las tropas. Quedando el grueso del ejército en su posición original. Las tropas de avanzada iniciaron una escaramuza contra las tropas que defendían las barcas protestantes. Los arcabuceros españoles sembraron el terror entre el enemigo metiéndose en el río y disparando sus armas contra los protestantes. Álvaro de Sande llegó al frente de otros 1000 tiradores españoles para reforzar la escaramuza de distracción manteniendo a raya a los defensores durante todo el día con tanto pánico que no osaban asomar la cabeza por encima de las protecciones.

En Torgau también se dieron combates entre los exploradores y Juan Federico vio enseguida el riesgo de quedar atrapado en medio si las tropas del Emperador eran capaces de cruzar el Elba por el puente de la villa. Así que ordenó a su campo retirarse siguiendo la orilla con la intención de ganar tiempo para que las levas de Pomerania y Sajonia se completasen y así poder enfrentarse de igual a igual contra las tropas de Carlos V.

Ante la retirada del enemigo se hacía prioritario cruzar el río sea como fuere. Y en esto demostraron de nuevo su audacia los soldados españoles de los tercios. Según las crónicas un español se desnudó y se lanzó al río con la espada entre los dientes y por lo que parece a éste le siguieron dos o tres más y luego otra decena. Cruzaron el Elba con el agua al cuello soportando el fuego enemigo y una vez en la otra orilla pasaron a cuchillo a los defensores que custodiaban las barcas –pocos, pues la mayoría se unieron a la retirada general-. Con la zona asegurada, tomaron las barcas y las llevaron hacia la orilla imperial cruzando de nuevo el Elba.

Gracias a las barcazas y al vado cruzó la caballería imperial húngara y napolitana. Tres intentos hicieron falta para poder llegar a la orilla pues los defensores bien parapetados dificultaron mucho la empresa, pero finalmente al tercer intento la caballería ligera llegó al otro lado y se lanzó a hostigar la retaguardia enemiga en retirada. La caballería protestante se revolvió para hacer frente a la amenaza, y siendo más consiguieron repeler a los imperiales. Pese a esta escaramuza la cabeza de puente estaba ya asegurada y mas tropas cruzaban el Elba por el puente de barcas y por el vado.

Con los dos extremos del río tomados, se acercaron a la orilla los carros que transportaban un puente desmontado y se instaló para aligerar el paso del ejército. La primera en pasar fue la infantería española de los Tercios a la que debían seguir los lansquenetes alemanes y 500 caballos. El Duque de Alba ordenó que toda la caballería ligera cruzara por el vado llevando a un arcabucero en la grupa que serían seguidos por los caballos pesados napolitanos y la caballería del conde Mauricio de Sajonia. Con éstos últimos cruzó Carlos V.

El imperio de Carlos V
Con una fuerza poderosa Alba dio el golpe que estaba preparando. Mandó bajar a los arcabuceros y avanzar con la infantería mientras daba la orden general a toda la caballería de cargar contra la retaguardia enemiga que se retiraba. Los exploradores se aseguraron de que no había tropas enemigas emboscadas y la caballería imperial se lanzó a la carga encabezada por el Duque de Alba y el Emperador.

Juan Federico vio el peligro que representaba la carga de caballería imperial para su ejército. Aquello podía acabar en una desbandada así que dio la orden a sus 3000 caballos de que rompiesen la vanguardia de Alba, mientras daba la orden de atrincherarse en un bosque cercano a parte de la infantería para cubrir la retirada. La caballería imperial no se amilanó. Los húngaros apoyados por herreruelos de Mauricio de Sajonia avanzaron por la derecha desbaratando a una formación de arcabuceros enemigos. Fue entonces cuando el Duque de Alba ordenó tocar las trompetas y se lanzó al ataque encabezando a la caballería imperial arropado por los hombres de armas napolitanos. El choque fue tan virulento que la caballería enemiga quedó rota y tal fue el impulso que las tropas de Alba se llevaron por delante a un escuadrón entero de infantería de segunda línea.

La vanguardia de Alba se lanzó en persecución del grueso de la caballería enemiga mientras los húngaros y las formaciones dirigidas por Carlos V aniquilaban a la infantería protestante. Todo el campo de Juan Federico se retiraba de manera desordenada. Muchos intentaron retirarse por el puente de Torgau pero se encontraron con una formación de arcabuceros españoles que los recibieron con una terrible descarga de fuego dejando a muchos muertos. Tomados por dos lados el ejército de Juan Federico fue desorganizado entre una gran matanza. El propio elector fue tomado prisionero junto a todos los líderes protestantes que fueron encerrados en el castillo de Hesse escoltados por unos 1000 infantes españoles.

23:59Las tropas protestantes fueron aniquiladas literalmente. 8000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. Del lado imperial no murieron más de 50 hombres. Tal fue el calibre de la victoria de Mulhberg. El plan de Alba había funcionado a la perfección y se consolidaba ya como uno de los grandes militares de su época. Próximamente el siguiente post de Alba y los últimos hechos de su vida

sábado, 22 de septiembre de 2012

Liberación de Puerto Sudán

Y los británicos? jojoj... ummm huele a Roastbeef...
Las vacaciones han paralizado las publicaciones en éste nuestro blog pero la buena vida se acabó y de nuevo toca recuperar el hábito de escribir y publicar (o por lo menos intentarlo) artículos interesantes de todo aquello que me apasiona -que no es poco-. El viernes pasado miembros del grupo Somatent del Club Alpha Ares de Barcelona jugamos una trepidante partida de miniaturas en 28mm a la Guerra Colonial del Sudán. Fue un preludio de la fantástica mesa de juego abierta que nuestros compañeros, Eustaquio y Víctor, están preparando para las Jornadas Alpha Ares 2012. La partida se jugó con el reglamento Mc Duffi en la frontera que podéis conseguir en la página del Club Comandante. El juego es ágil y muy rápido. Ideal para jugar con muchas escuadras y muchos jugadores. La partida se hace muy amena y, sobre todo, si tenéis la misma suerte que yo en estar rodeado por unos fantásticos compañeros (aunque muchos de ellos sean un colla de insurrectos y facinerosos britano-gavachos). Bueno pues, sin más dilación este modesto corresponsal procederá a publicar el parte de guerra - o informe de batalla- siendo fiel a la verdad e informando sin un ápice de posicionamiento ni favoritismo

Y aquí los adalides de la libertad, los heroicos líderes de las tribus que asaltaron Puerto Sudán. Cabe decir que el de la izquierda también hace el papel de pseudoreportero anti británico jojojoo. 
Los de la Pérfida Albión se las prometían felices.
Tropas inglesas preparan la defensa
 El comandante inglés tomaba el sol sobre el tejado de uno de los edificios de Puerto Sudán. Desde allí tenía una posición privilegiada para extasiarse ante la inmensidad del desierto mientras daba cuenta de una botella de ginebra de la City. El calor era sofocante y la ciudad rebosaba de actividad. La población autóctona se había rebelado en masa, y por doquier, miles de sudaneses alzaban al cielo sus primitivas armas lanzando consignas ( algunas de las lindezas no son aptas para las mamás de los brits) a favor de la libertad de la patria y promoviendo la expulsión del invasor. Muchos fuertes habían sido tomados al asalto por una marabunta de negros de tal calibre que las modernas armas europeas se mostraban insuficientes e incapaces de detenerla. La guerra estaba constando sudor y sangre al noble pueblo de Sudán, pero los británicos también sufrían pérdidas, la imagen de decenas de cabezas cortadas y empaladas de la primera compañía atormentaba al comandante. ¡ No pude hacer nada por ellos, con suerte pude salvar a mis hombres! Las caras de aquellos paisanos que jamás regresarían a sus casas se le aparecían como fantasmas y sólo se dispersaban al ingerir un nuevo trago de licor. En el pueblo, las tropas imperiales y sus aliados se apresuraban en apuntalar los muros y en levantar barricadas. Aquel era el único puerto comercial del país y sin duda sería blanco de un ataque inminente.

Miles de sudaneses se acercan a Puerto Sudán ante la atónita mirada de la plana mayor pirata, digo inglesa, al fondo
Los coloniales preparan su cañón para cubrir una brecha
El comandante Sir Vic  Tresachs llevaba ya una torta de campeonato cuando vislumbró una nube de polvo que se alzaba desde el horizonte. Se frotó los ojos. Aquello no podía ser más que un espejismo. Era demasiado pronto para un ataque se dijo así mismo. Dió otro trago a la botella y se despanzurró en la butaca. La calma no le duró mucho tiempo. La sargento Liberty subió hasta su posición: ¡Sir, miles de negros encabronados vienen hacia nosotros! Les tenemos bajo los muros! Tresachs se levantó de un salto y se pellizcó la cara, aquello no era ningún espejismo, sino una horda ululante que tenía cercado el poblado por todos los costados. El comandante dió la voz de alarma y todas las unidades ocuparon precipitadamente sus posiciones. La escuadra de Sir John se encontraba en las afueras mirando un harapo con cuatro barras y una estrella que se habían encontrado al lado de un arbusto cuando escucharon las campanas. Rápidamente enarbolaron aquella estelada y formaron en línea para intentar socorrer el pueblo. Sir James comenzó a disparar a discreción desde el tejado abatiendo a muchos enemigos. Era un líder temeroso y bisoño y no estaba dispuesto a abandonar aquella posición privilegiada. Mientras, el sargento Eustaq apoyado por el cañón del turco José Pachá deberían sostener el centro ante el virulento ataque que se avecinaba.

Sir James mantiene disciplina de fuego mientras Eustaq apuntala la brecha central
Por el centro en dos oleadas serían el señuelo
Las balas escupidas por los modernos rifles no se qué Henry, silbaban alrededor de las avanzadillas sudanesas. Muchos negros caían ante los certeros tiros británicos pero nuevos y vigorosos jóvenes recogían las armas de los caídos y seguían avanzando alentados por el ansia de libertad, por las arengas de sus jefes y por la posibilidad de violentar unos cuantos traseros británicos. Los cuatro jefes habían avanzado a marchas forzadas a través del desierto para coger a los británicos en pelotas, digo con las defensas sin preparar, la idea era penetrar por la gran brecha en el muro central. Las tribus de Javif Mulahad y Juan ibn Segurasalam serían las encargadas de abrir brecha y atraer el fuego inglés mientras Sergeh al harcon y Jau me lo halal penetraban por las débiles posiciones del flanco. Javif y Segurasalam sabían que muchos de sus hombres caerían pero otros vendrían en su lugar para expulsar al invasor: Salah Malecunnnnn!!!!! UhUh Uh Uh.... Los negros se lanzaron al esprint contra las líneas de británicos. Los ingleses disparaban una ráfaga tras otra. Muchos enemigos caían pero la horda estaba cada vez más cerca. Si lograban romper la formación la ciudad sería de los sudaneses.

Mientras Jau-me lo Halal y Hal arcon deberían aplastar la débil resistencia del flanco y copar a los defensores
Al asalto
El choque fue brutal! La primera oleada de negros había sufrido muchas bajas y tuvo que reorganizarse pero gracias al sacrificio, la segunda oleada colisionó violentamente contra la línea de Sir Eustaq. El somatent independentista de Joan se acercaba por el flanco pero el fuego de sus fusiles no era suficiente para contener a los sudaneses. Mas y más llegaban por todos lados. Armados de lanzas, piedras, espadas y algún rifle capturado, estaban dispuestos a hechar a los casacas marrones al Mar Rojo. La sangre brotaba por todos lados. Decenas de cadáveres sudaneses se apilaban y formaban ya un muro natural que impedía a los británicos disparar. Los veteranos de Eustaq mostraron su valor durante toda la partida y aguantaron como colosos repeliendo uno tras otro los asaltos que se sucedían. No perdieron ni un combate en toda la partida jejeje excepto, el importante. Gracias a la ayuda de los cañonazos de José Pachá, la determinación de Eustaq y algún tiro suelto de James (que se negaba a bajar del terrado) el asalto central fue repelido. Muchos enemigos yacían muertos o heridos pero sin duda no se habían rendido. Aquellos impetuosos sudaneses se estaban reorganizando para volver a atacar.

Los británicos logran aguantar con el apoyo de los hacedores de Kehbab
El primer ataque fue repelido pero fue necesario gastar todas las balas de cañón y los británicos quedaron desorganizados
 A José Pachá no le quedaban balas de cañón y azuzó a algunos hombres de la dotación a correr al polvorín. El enemigo ya volvía para realizar otro brutal asalto. Los turcos sabían muy bien lo que les esperaba si aquellos encabronados negros los cogían. Habían matado a muchos de los suyos y lo más probable es que hiciesen con ellos carne de kebab ensartándolos en sus lanzas. Uh Uh Uh Tam Tam Tam retumbaban los tambores. El centro sudanés volvía a la carga.... Los piratas ingleses se las prometían muy felices mientras podían disparar. Pero se había acabado el chollo; el enemigo estaba encima y no iba a dejar de presionar.

El centro se reoganiza y se lanza al ataque ante el pavor de los británicos.
Hal Arcon atrae la atención de los coliniales
Mucha peor suerte corrían las defensas del flanco. Jau- Me-lo halal había pasado por encima del cañón británico y penetraba en el pueblo por una brecha mal defendida. Un cañón capturado y la dotación británica retrocedía a reforzar la línea de la Sargento Liberty que era lo único que separaba a los sudaneses del flanco de la victoria. Hal Arcon la tenía entretenida con constantes cargas suicidas que no conseguían más que engrosar el número de bajas sudanesas. El muro era sólido en aquel lugar. Pero los sudaneses volvían una vez tras otra atrayendo el fuego inglés mientras que los escaramuceadores de Halal  iban rodeando poco a poco a los británicos. El comandante Tresachs seguía en su tejado embriagado de ginebra. Estaba aislado pero su borrachera le impedía alterarse. Total, ¡A Port Sudán se venía a morir!

...mientras lo Halal, sin sufrir ni una baja, captura el cañón penetra en el pueblo y encula a un par de ingleses desprevenidos
Refuerzos sudaneses llegan sin oposición
Las cosas comenzaban a pintar mal para los corsarios imperialistas. Aunque los valerosos veteranos de Sir Eustaq, apoyados por los artilleros turcos de José Pachá, estaban aguantando estoicamente la línea repeliendo un asalto tras otro; Cientos de enemigos penetraban por la brecha abierta en el lugar del cañón capturado. El hervidero de insurrectos era cada vez mayor y la escuadra de la Sargento Liberty estaba siendo copada y comenzaba a estar en serios aprietos. Las hordas de Hal Arcón se encaramaban a los muros, sedientos de sangre y venganza. Habían derribado varias secciones de pared y su superioridad numérica comenzaba a hacerse notar. La resistencia británica estaba al límite y el futuro de la guarnición se ennegrecía por momentos. Un soldado subió a la posición del comandante Tresachs que, aunque ebrio, demostraba su excelente puntería abatiendo negros con su pistola desde el tejado. Con la otra mano sostenía su preciada botella de ginebra. El soldado alertó de peligro por la retaguardia. Varias pateras locales llegaban cargadas de enemigos y no había nada ni nadie que pudiese impedir el desembarco. Ahora si era el fin. Acabarían todos como la primera compañía: con sus cabezas empaladas y expuestas al sol.


La situación británica comienza a ser preocupante en todos los sectores. Sólo el centro aguantaba.
El centro vuelve a la carga y finalmente....
El centro sudanés hace retroceder a Eustaq
Los hombres de Sir James disparaban a discreción desde el tejado, pero su fuego era insuficiente... ni siquiera con el apoyo de la escuadra de Sir John, que había dejado de coger setas y corría al pueblo para socorrer a sus jodidos compañeros con la estelada al viento, eran capaces de detener la masa de enemigos que una vez tras otra chocaba contra la línea de Eustaq con una violencia sin parangón. Eustaq sabía que la resistencia británica estaba a punto de quebrarse. Algunos turcos de Pachá corrían hacia el polvorín en busca de munición, pero la mayoría estaba intentando entenderse con algunos sudaneses para evitar ser vejados y convertidos en carne de shawarma. El comandante Tresach
 estaba aislado y completamente ebrio, su salvación era imposible y estaba condenado a una muerte segura (previa tortura y violentamiento, claro está). Las tropas de Eustaq se mostraban inquebrantables pero no podian resistir siempre. A voces intentaba que Sir James abandonase el tejado y bájase a apuntalar la línea. El líder bisoño, muy cauto, no estaba muy convencido pero, ¡órdenes eran órdenes! Y además las hordas de sudaneses de Pedrohamed estaban saltando ya de las chalupas. La situación era crítica. Un feroz asalto por el centro abrió por fin una brecha entre las filas de Eustaq y su escuadra, que había luchado con enorme valor, debió retroceder al interior del poblado para evitar ser masacrados. La puerta estaba abierta. Los turcos estaban aislados mientras Sir James tocaba el violín en el tejado. Los seteros de Sir John no pudieron abrirse paso hasta el pueblo y formaron en línea para mantener disciplina de fuego. Los sudaneses ni les hicieron caso. El postre estaba en el pueblo y por fin les habían tomado nota: era hora de comer tarta inglesa.

La unidad de Liberty está diezmada. Tresachs en el tejado (completamente ebrio) y brecha en el centro.
Sir James apuntala la brecha. pero no aguanta ni un asalto
Los veteranos de Sir Eustaq no perdieron la calma y se retiraron en formación manteniendo a distancia a los escaramuceadores sudaneses pero los refuerzos enemigos lanzaron un nuevo asalto y los veteranos coloniales debieron mostrar de nueva su moral de acero en un sangriento combate. La determinación británica, contra pronóstico, repelió el asalto y los sudaneses debieron retroceder hasta sus barcos. Sir Eustaq, viendo que la cosa pintaba funesta, mandó formar en círculo y mantener la posición hasta el último hombre a lo Custer. El centro era ya un hervidero de enemigos y los turcos estaban ya de rodillas pidiendo clemencia (y algunos en otras posiciones más... digamos...lascivas). Sir James, pese a su indecisión, vió claro que si había alguna posibilidad de sobrevivir era bajando y luchando a bayoneta. Sus hombres formaron línea para apuntalar el centro y aliviar la desesperada situación de Sir Eustaq. Pero su valía no era equiparable a la de sus paisanos y su resistencia fue quebrada en el primer asalto. Sir James y los pocos hombres que le quedaban huyeron hacia la posición de Eustaq. ¡Quién me mandaba a mí bajar del tejado!

Los brits se hacen fuertes en el centro de Port Sudán. Sir John y sus almogávares siguen cazando moscas
El asalto final fue devastador. Los turcos se rinden y la escuadra de Sir James es atacada por el flanco en plena huida
Sir Tresach recibiendo los arrumacos de unos sudaneses
Jau.-me lo Halal, líder prudente que aspiraba a tirano del país una vez liberado, había sabido mantener a sus hordas frescas. Era el momento de su jugada maestra. Aprovechando el sacrificio de sus vecinos, Lo Halal mandó ataque general y sus negros penetraron como una marabunta sin oposición. El comandante Tresachs desapareció entre enormes cuerpos desnudos de ébano. Las tropas de Halal envolvieron la escuadra de Liberty y a los supervivientes artilleros y éstos, hostigados por dos frentes, fueron masacrados huyendo los supervivientes al desierto (de donde no creo que volviesen). La otra parte de la horda se lanzó a apuntillar el centro. Un grupo de agresivos sudaneses acabaron de rodear a José Pachá que, tras ver saltar por los aires tres o cuatro cabezas y ver como un grupo de sudaneses engrandecían los agujeros de uno de los suyos, decidió rendir el cañón, clamar por la gloria de Alá y pasarse al enemigo. El resto de la horda de Jau-me lo Halal asaltó a las tropas de Sir James y Sir Eustaq apoyando un nuevo ataque de Pedrohammed desde las pateras y las tribus del centro que venían saltando como locos agitando sus espadas al cielo. El último ataque fue devastador. Sir James y su unidad desaparecieron bajo los pies de cientos de encolerizados sudaneses que se lanzaron sobre los cuerpos para saquearlos y despedazarlos.

Liberty y algunos supervivientes huyen hacia el desierto. El flanco se colapsa definitivamente con el ataque de Halal
Port Sudán conquistado
La veterana escuadra de Sir Eustaq tampoco pudo aguantar y tras perder varios soldados consiguió mantener el orden y retirarse poco a poco hacia las posiciones de Sir John. Desde donde los dos juntitos retrocederían a un lugar menos hostil. Port Sudán estaba en manos de sus dueños locales y ahora toda la masa lanzaba gritos de jubilo y aclamaba a su héroe, Jau-me-lo Halal, como nuevo Mahdi y Caudillo del pueblo de Sudán. Las pérdidas habían sido cuantiosas pero más y más tribus seguían llegando al lugar. Tocaron los tambores, bailaron, fueron felices y comieron perdices (bueno en realidad eran trozos de inglés a la vizcaína)

Hal Arkono acabando con los restos de la dotación artillera
De izq a der: Sir John, Sir James Gruas, Comandante Tresachs, Lord Eustaq (paso de Sir a Lord por su increible papelón)
José Pachá intentando congratularse con sus aliados tras su vil traición. ¿Les estaría ofreciendo Kebab completo con picante?
Sir Víctor y César (que se lo pasó pipa haciendo de máster y viendo como los negros jugaban al teto con los brits)
23:59 Una excelente partida que debemos perfeccionar un poco. Sin duda lo que era un proyecto de Víctor y Eustaquio ha sido acogido en masa por muchos otros compañeros. Nos hemos lanzado a comprar sudaneses como locos! Agradecer también la paciencia de César que dirigió la partida en medio de un grupo de cabr... de gente impulsiva. No faltaron risas y aprendimos a usar unas reglas ágiles y que sin duda volveremos a jugar. Los que vinieron nuevos se lo pasaron pipa. Y los más antiguos también. La verdad es que cuando nos ponemos...Hasta el Mercenario disfrutó como un niño dirigiendo las hordas sudanesas en pos de la libertad.



































viernes, 24 de agosto de 2012

Alba, la mano armada del Imperio Hispánico


Fernado Álvarez de Toledo, Duque de Alba
“Un héroe cansado, atrapado entre el Renacimiento y el Barroco, que no supo negociar y fue apartado del poder cuando dejó de ser útil”. Así ve Ricardo García Cárcel al Duque de Hierro. Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, es reconocido por su política brutal durante su gobierno de los Países Bajos. Esos hechos, ciertos, han eclipsado muchos otros que contribuyeron a elevarlo a la categoría de gran militar de su época. La espada de su Rey, ese era Alba; un hombre siempre fiel a Carlos V y después a su hijo Felipe II. Un hombre que aplastó de manera implacable a cualquier enemigo que osase poner en entredicho el poder del trono español.

Hombre de carácter: “me mueve la cólera de manera que si no procurase mucha templanza me parecería a mi opinión de hombre frenético”. Su realidad es la de un gran hombre en el terreno militar e intelectual, que no supo asimilar los cambios de su época. Fue un fiel servidor utilizado por su rey y relegado ante el primer atisbo de fracaso; pese a toda la gloria cosechada y las compensaciones honoríficas murió sin resolver sus problemas económicos derivados de su decisión de poner todas sus rentas al servicio del Rey”

Historia National Geographic (no recuerdo el número, recorté los párrafos hace muchos años).

La fragua de un militar de Hierro

Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel nace en Piedrahita (Ávila) el 29 de octubre de 1507. Hijo de García Álvarez de Toledo , heredero de Fadrique Álvarez de Toledo, II Duque de Alba, y de Beatriz Pimentel, hija de los condes de Benavente. Su padre hubiera heredado el título pero murió en África en 1510, pasando a su hijo primogénito, Fernando. Su nombre se lo pusieron en honor a Fernando el Católico, Rey de Aragón y regente, no consorte tras la muerte de Isabel, de la corona de Castilla. Los Alba, Grandes de España, tenían sus dominios en los alrededores de la Sierra de Gredos. El título que da nombre a la estirpe proviene de la villa de Alba de Tormes en Salamanca.

Carlos V
El padre de Fernando, García Álvarez de Toledo, pereció joven. Cayó muerto en una emboscada musulmana durante  el desembarco de Djerba en 1510 cuando servía a las órdenes de Pedro Navarro (otro ilustre al que habrá que dedicarle su espacio).  Huérfano de padre, su abuelo Fadrique le procuró una cuidada educación en el campo de las letras y en el terreno militar. Aprendió latín y fue educado según los valores humanistas propugnados por Erasmo de Rotterdam, con los que había crecido el propio Emperador Carlos V.

A muy pronta edad, Fernando mostró su vocación por la guerra. Su abuelo no le dejaba participar en las batallas –pese a que le permitía acompañarle desde los 6 años- debido a su juventud así que en 1524, con 17 años, se escapó de su casa y se alistó a las órdenes del condestable de Castilla, Íñigo de Velasco, que se dirigía a liberar la plaza de Fuenterrabía ocupada por los franceses. La ciudad fue rendida por hambre. Las tropas españolas repelieron todos los intentos de avituallamiento de la alianza franco-navarra. Fernando se batió con honor en éstas escaramuzas donde muchos franceses y alemanes perecieron: unos ahogados en el río Bidasoa (mientras intentaban proveer de suministros la ciudad sitiada), otros probando el acero español. Por sus actos fue nombrado gobernador de Fuenterrabía por Carlos V. Este episodio ponía fin al conflicto contra los franceses iniciado en 1521. La balanza de poderes en Navarra caía del lado castellano renunciando los gavachos a sus intereses por el momento.


El 27 de abril se casó con María Enríquez de la que tuvo tres hijos. Su cuarto hijo, Hernando, fue fruto de una relación anterior a su matrimonio. Sus hijos no destacaron de forma relevante ni como soldados ni como hombres y mujeres de letras. Poco más se sabe de la vida de Fernando durante éste periodo. En 1531 muere su abuelo, heredando los títulos familiares, sus posesiones y rentas. En éste momento nace el III Duque de Alba y es a partir de ahora cuando se fraguará su leyenda.

Un nuevo general imperial: de la liberación de Viena a la conquista de Túnez

Tras convertirse en Duque, acudió al llamamiento de Carlos V que estaba reuniendo un gran ejército para luchar contra los otomanos que sitiaban Viena. Su amigo y poeta, Garcilaso de la Vega, le acompañó en su viaje, que realizaron sin prisas, recorriendo media Europa. En marzo de 1532 re reunió con el Emperador en Ratisbona. Allí se ultimaron los preparativos y el gran ejército partió en busca de Solimán I. En septiembre las tropas imperiales estaban prestas para enfrentarse al ejército islámico, pero Solimán, viendo el tamaño del imponente ejército de la Cristiandad, decidió levantar el sitio y no arriesgar sus efectivos. La llegada del invierno, y el tamaño de las huestes del Emperador eran motivos más que suficientes para optar por la retirada.


Alba, al mando de un escuadrón de caballería croata, le sugirió al Emperador que persiguiese al enemigo. Pero esto no se llevó acabo aunque…Alba se dio a conocer a los ojos de Carlos V. Cuando el emperador partió rumbo a Italia para entrevistarse con el Papa Clemente VII, Alba recibió el mando de la retaguardia del enorme ejército cristiano. Pero aún así, se había escapado otra oportunidad de mostrar su valía como militar. Pronto llegarían muchas otras. En 1533, aprovechando el respiro que concedía La Paz de las Damas (1529) en la guerra contra Francia, volvió a España con Carlos V para hacer frente a los piratas berberiscos de Barbarroja que habían incrementado su actividad en las costas mediterráneas de España e Italia. Para ello, el Emperador preparó una expedición con la intención de conquistar La Goleta y Túnez.
Alba, acompañado por su hermano y su hijo mayor,  obtuvo la capitanía de un cuerpo de caballería pesada. No era mucho, pero suficiente para cincelar su currículo. El cargo no era demasiado importante teniendo en cuenta que se trataba de una expedición marítima pero daba mucho prestigio.


Conquista de La Goleta y Túnez por el emperador Carlos V

Marqués del Vasto
El pirata Barbarroja se había convertido, por aquel entonces, en el azote del Mediterráneo. Sus dominios en el Norte de África no paraban de crecer. La mano armada del Gran Sultán en el Mare NOSTRUM era Rey de Argel, Trémecen y también de Túnez habiendo destronado al soberano legítimo, vasallo de España, que solicitó ayuda del Emperador para recuperar su trono. Las costas españolas y de los reinos de Italia eran hostigadas cada vez con mayor virulencia. Carlos V debía tomar cartas en el asunto con la mayor urgencia si quería poner trabas al creciente poder otomano en el Mediterráneo. 

Para ello preparó una flota de 420 galeras hispánicas, sicilianas, genovesas y papales a cargo del Marino Invicto, Don Álvaro de Bazán. En ellas se embarcó un poderoso ejército compuesto por 4000 veteranos de los Tercios Viejos a las órdenes del Marqués del Vasto (otro personaje al que dedicaremos su espacio en éste blog). 8000 bisoños dirigidos por Alba, 7000 alemanes, 4000 italianos, 2000 portugueses y unos 500 jinetes españoles que también se pusieron a las órdenes Fernando.



La expedición zarpó de Barcelona el 30 de mayo de 1535 haciendo escala en Mallorca y Cerdeña para reunirse con los aliados. Finalmente arribaron a la costa de Túnez y desembarcaron cerca de las ruinas de Cartago. Los musulmanes intentaron impedirlo pero los Tercios Viejos desbarataron todos los intentos y el grueso del ejército puso pie en tierras africanas sin ninguna incidencia a destacar. La tropa se dirigió a La Goleta, una plaza amurallada y bien artillada, puesto avanzado para la defensa de Túnez. Un mes costó tomarla. Los defensores lucharon con tesón inusitado contra los duros españoles y sus aliados… hubo infinidad de combates y escaramuzas pero finalmente se impuso la destreza de las tropas imperiales y la plaza quedó sitiada completamente. La Goleta fue sometida a un incesante fuego artillero hasta que el 14 de julio se abrió una brecha en el muro. Los Tercios Viejos, compuestos de veteranos, se lanzaron al asalto en un ataque arrollador que barrió a los defensores otomanos.

El camino hacia Túnez estaba abierto y hacia allí se dirigieron los ejércitos de Carlos V. El 20 de julio, Barbarroja salió con sus tropas a presentar batalla frente a los muros de Túnez. Se estipula que sus fuerzas ascendían a 80000 infantes y 25000 jinetes… Seguramente estas cifras están infladas pero lo que parece un hecho es que las tropas musulmanas superaban en número a las cristianas. Eso sí, no eran rival para la novedosas artes de la guerra de los Tercios. Los ejércitos hispánicos vencieron con relativa facilidad gracias a su núcleo duro de veteranos y jinetes selectos y también gracias a una revuelta en el interior de la ciudad perpetrada por los presos cristianos que se hicieron con el control de la fortaleza de Barbarroja. Éste intentó someterlos pero no fue capaz y hostigado desde dos frentes decidió echarse a la mar perseguido por las galeras de Bazán. 

En manos del Emperador cayó mucho equipo, cañones, barcos y tesoros. Alba estuvo presente en estás batallas pero su papel fue muy poco relevante debido a que sus tropas solo participaron en la toma del puerto de Túnez y durante el asalto final estuvieron en retaguardia. Aún así recuperó la armadura de su padre que se hallaba entre los tesoros capturados y el prestigio de su casa creció como la espuma. A partir de éste momento. Fernando Álvarez de Toledo se convertiría en el brazo armado del Imperio.

23:59 En el siguiente post trataremos sobre su ascensión a la élite militar con sus intervenciones en una nueva guerra contra Francia y por su papel en uno de los principales episodios de su currículum: La Batalla de Mühlberg

domingo, 5 de agosto de 2012

Asalto a la Colina del Suicidio: informe de batalla

Las defensas rebeldes esperan el asalto republicano
Este viernes en el Somatent del Club Alpha Ares de Barcelona hemos decidido jugar una partida de Guerra Civil Española con nuestras tradicionales miniaturas en 10 mm de la marca Pendraken pero variando las reglas. Battlefront, un reglamento pensado para Segunda Guerra Mundial, ha sido elegido para sustituir, en esta ocasión, al suplemente España en Llamas de Flames of War. La partida fue de lo más divertida, sin trampas a destacar por el bando nacional... pues los objetivos estaban bien distribuídos y no hubo tropas que cambiasen sospechosamente de lugar. Nada que objetar, excepto alguna consideración sobre las pendientes suaves (:P). Se trata de un juego en el que se necesita potencia de fuego para sacarle todo el partido (está pensado para 2ª GM). En Guerra de España todo el peso recae en la infanteria, pues los carros y cañones no tuvieron un peso tan determinante como en la 2ª GM, y al final puede resultar un poco denso para aquellos que no estén habituados a los wargames. ¿Mi opinión personal? Me encantó! Los asaltos me parecen mucho más realistas que los del España en Llamas y las reglas en general me convencen más que las de Battlefront, sobre todo en lo referente al fuego defensivo. Pero ésto no es una reseña de un libro de normas; es un informe de batalla así que... sin más dilación, vamos al grano.

Gruas y Almudévar dispuestos a dar la vidar por Dios, por el Caudillo y por España
Al soldado Soto le temblaban las piernas. Acababa de incorporarse a filas hacía un par de semanas y aún no tenía experiencia de combate. Soto había dejado la plácida vida de su pueblo aragonés para enrolarse en la Segunda Compañía de la Guardia de Asalto del ejército popular de la República. Sus manos temblaban y casi no podía sujetar el fusil. Algunos compañeros veteranos intentaban darle ánimos e insuflarle valor. La ofensiva del Jarama no iba bien y si se quería atenuar la presión de los rebeldes sobre Madrid, era de vital importancia tomar los cerros que rodeaban el valle del Jarama. No iba a ser fácil; el capitán Segura se sentaba entre los veteranos con cara de preocupación. Un veterano le dió un pequeño capón a Soto mientras le aprestaba a entrar en tensión.
Capitán Segura al mando de la Guardia de Asalto y la Benemérita al lado del General Ribé con gorro de miliciano al frente del Ejército Popular
-Sotillo, novato! Prepara los cojones... que hoy te van a hacer falta a juzgar por la cara del Jefe.
Soto era nuevo pero no tonto. Habría combate y viendo las escarpadas pendientes no sería un ataque fácil. Soto fijó su mirada en aquellas lomas. Según el capitán, los rebeldes habían tomado las cotas. Esas posiciones estaban defendidas por las temibles tropas moras y seguramente el Tercio de Extranjeros estaría en reserva para reforzar las brechas apoyado por fuego de mortero. Soto no conseguía ver al enemigo pero era evidente que estaba allí. El general Ribé llamó a los oficiales de la tropa y les arengó a tomar posiciones. El plan republicano era concentrar fuerzas en un asalto sobre el Cerro de los Ángeles, apoyado por un pelotón de carros y bajo una cortina de fuego artillero de un cañón de 76 mm (en realidad nada). Una compañía de la Guardia de Asalto asaltaría el monte vecino y un batallón de la Guardia Civil iría por el centro de ambas posiciones para apoyar  adonde fuera necesario. El cañón republicano comenzó a rugir y pronto fue evidente que no serviría de nada. Los fachas estaban muy bien atrincherados y el fuego artillero era insuficiente.

La Guardia Civil por el Centro y la Guardia de Asalto. Al fondo el avance del ejército popular y los carros
Ribé dió la orden de ataque y los hombres salieron de las trincheras. Dos batallones de tropas populares avanzaron a cubierto del bosque junto a los carros. Los Civiles salieron a campo abierto en busca de la cobertura de un rocadal, y la Guardia de Asalto avanzó sobre la cota de la derecha. Soto dejó de lado su ensimismamiento y se lanzó a la carrera tras un veterano.
Los morteros nacionales reciben con saña a los republicanos cuando comienzan a salir del bosque
El Teniente Gruas se despertó de golpe por el impacto cercano de un obús. Cogió su pistola y su gorra y apremió a sus tropas moras. Los Rojos atacaban y aquella posición debía resistir a toda costa. Más abajo el Tercio dirigido por el Capitán Almudévar preparaba los morteros y la infantería se lanzaba pendiente arriba para reforzar las posiciones de sus aliados norteafricanos. El moro Jalal se parapetó en su foso de tirador rodeado de regulares y legionarios. Ni se imaginaba lo que se les venía encima. Los nacionales habían fortificado mucho el cerro de los Angeles y sus defensas en las otras posiciones eran más débiles. Las primeras hordas bolcheviques salían del bosque cercano y Gruas ordenó fuego sostenido de mortero.

Defensas nacionales en el Cerro de los Ángeles mientras llegan los primeros legionarios de refuerzo
Los obuses llovían entre las tropas republicanas que corrían cómo demonios hacia el Cerro de los Ángeles, mientras los anticarros lograban ralentizar a los T26. Poco tiempo le bastó a Gruas para darse cuenta que los morteros de la Legión no frenarían aquel ataque.
- Soldados de España, es momento de dar vuestra sangre por la patria y el Caudillo. Dios os observa legionarios. Tábaco y un saco de monedas para el moro que consiga más cabezas comunistas!

Un obús hizo saltar en pedazos una posición de tirador y varios moros quedaron hechos pedazos, los republicanos se encontraban ya al pie de la colina y subían como hormigas por la pendiente ignorando la lluvia de mortero y las bajas causadas por las ametralladoras rebeldes que rugían sin cesar sembrando de muerte las filas de las tropas gubernamentales. Los Civiles parecían hechos de acero. Un enorme sargento con prominente mostacho y pistola en alto encabezaba el avance. Los expertos fusileros sembraron de bajas a los moros del centro y los hicieron retroceder a casi todos. Pero la posición fue sostenida por los fascistas por el heroico valor del moro Jalal y los hombres de la primera sección de fusileros del Tercer Tercio de la Legión.

El ejército popular se lanza a por la cima sufriendo muchas pérdidas
El cerro de la derecha, muy debilitado, se preparó para recibir una virulenta carga de la Guardia de Asalto. Las balas de las LMG silbaban abatían hombres sin cesar pero había que avanzar. Un veterano quedó herido delante de Soto. Aquello estaba siendo una carnicería y Soto se asustó, se hizo el muerto puso a cubierto a su compañero y se quedó allí, esperando a que todo pasase. Los equipos de ametralladora del Ejército Popular silenciaron los anticarro fascistas. Los T 26 se lanzaron a toda máquina en apoyo de la vanguardia republicana mientras dos compañías entraron en contacto con el enemigo a bayoneta calada. Muchos moros cayeron pero las terribles pérdidas causadas por las ametralladoras y la enconada resistencia de los defensoras hicieron retroceder a los republicanos. Ribé no tuvo más remedio que reorganizar sus tropas y preparar un segundo asalto para apoyar a los Civiles que habían abierto brecha entre los rebeldes. Pero ahora estaban sólos.
 
La Guardia al Asalto
El sargento Gutierrez, de Villarobledo, acababa de volarle los sesos a un legionario. Sus hombres habían matado y hecho retroceder a un gran número de nacionales pero el apoyo del Ejército Popular no llegaba y tropas de refresco del Tercio de Extranjeros habían llegado a reforzar las maltrechas líneas nacionales. El Asalto de la Guardia de Civil se detuvo y se pasó a un terrible combate a bayoneta y armas cortas que dejó el terreno sembrado de cadáveres. Gruas, también de Villarobledo, distinguió a Gutierrez. Aquel tío tenía un par de pelotas y no iba a ceder. Unos pocos moros seguían aguantando y el joven Jalal se arrapaba al terreno como un mejillón liquidando a todo picoleto que se acercaba. Ninguno de los dos bandos cedía.

Los civiles de Gutierrez hacen retroceder a los fascistas.. pero el puto Jalal resiste
El cerro de la derecha asediado por los Guardias
La Guardia de Asalto también entabló combate en el cerro de la derecha. La primera línea sufrió un severo correctivo, pero los equipos de ametralladoras tomaron posición y comenzaron a limpiar la colina de fascistas. La segunda oleada de Guardias de Asalto se lanzó al combate en apoyo de los pocos compañeros que sostenían, con mucho sufrimiento, la primera línea.

Ribé reorganizó a sus hombres y lanzó un segundo ataque sobre el Cerro de los Ángeles. Gruas decidió pasar a la acción y dió la orden de carga a los defensores de la cota. Una unidad de moros y los pocos legionarios vivos se lanzaron en contracarga pendiente abajo. Los T26 subían por la pendiente y Ribé decidió enviarlos en apoyo de Gutierrez con la intención de aplastar a los moros que tenían trabado el ataque de la Benemérita. El centro se había convertido en un baño de sangre. Los legionarios de refresco estaban haciendo retroceder a las desgastadas formaciones de la Guardia Civil pero el sargento Gutierrez permaneció impasible. Rodeado de legionarios, se defendía como un león junto a unos pocos hombres. De repente, varios T26 alcanzaron la cima y atravesaron las posiciones nacionales, arrollando a los moros supervivientes. Jalal evitó ser aplastado por las orugas lanzándose a un hoyo.

El segundo asalto de Ribé apoya las comprometidas posiciones de la benemérita y logra desgastar el Cerro de los Ángeles
Los carros tomaron por sorpresa a los aguerridos legionario, que detuvieron su avance. El resto de la unidad de Guardias Civiles se reorganizó y se lanzó al rescate del sargento Gutiérrez, que permanecía en pie matando rebeldes con su pistola. En la derecha, la Guardia de Asalto no lograba resultados. Los defensores estaban diezmados pero los asaltantes habían perdido el 70 por ciento de efectivos y se retiraron al pie de la colina al amparo de sus ametralladoras que seguían ablandando la cima. Los nacionales habían logrado defender el segundo objetivo a costa de un precio horrible. Dos tercios de ambas unidades perm.anecían inertes en las abruptas pendientes del campo de batalla. Soto llevó a hombros a su compañero herido hasta una posición segura.




La Guardia de Asalto retrocede hasta sus ametralladoras a causa de la sólida defensa nacional. Sotillo salva la vida.


Los republicanos están en la cima
La contracarga de Gruas había tenido éxito forzando a la primera compañía del ejército popular a retirarse por completo. La unidad fue exterminada sin remisión por los aguerridos africanos, llegando al campamento base un puñado de supervivientes. La segunda compañía tuvo más suerte y llegó a la cima del Cerro de los Ángeles. El objetivo no podía darse por tomado porque había algunos efectivos enemigos que mantenían la posición, pero en ese punto la superioridad republicana era patente. En el centro, los T26 habían penetrado demasiado en las posiciones fascistas y elementos de la Legión destruyeron el batallón al asalto con bombas de mano. El asalto de la Guardia Civil dió su fruto y lograron romper el cerco rescatando a Gutierrez. Las pérdidas eran elevadas y era prioritario retroceder hasta las posiciones de ametralladora para preparar un nuevo asalto. Gutierrez dió la orden de retirada no sin antes cargarse de un balazo al pobre Jalal, que tras aguantar como un jabato no logró sobrevivir al mostacho y las enormes pelotas del duro sargento. Los legionario recuperaron la posición en el centro y sin amenaza próxima se lanzaron en apoyo a las comprometidas unidades de la cima del Cerro de los Ángeles. La resistencia republicana se quebró y Ribé ordenó retirada general. Los perros fascistas habían aguantado. Los Viva España resonaron en las cimas mientras la recien llegada aviación italiana bombardeaba la retirada roja. ¡Victoria Rebelde!
El centro: un baño de sangre
23:59 La partida estuvo muy reñida. Todo dependía de tiradas más o menos afortunadas. En esta ocasión la suerte sonrió a los rebeldes que se defendieron con uñas y dientes (aunque con grandes pérdidas). Los ejércitos republicanos no quedaron mucho mejor. Se retiraron habiendo perdido más de la mitad de sus efectivos. Sin duda es un reglamento a tener en cuenta y al que espero volver a jugar. Sobre el informe, decir que los nombres de localizaciones corresponden a escenarios reales de la batalla del Jarama. Aunque me he tomado la licencia de modificar algunos detalles, como las unidades, para que encajen con la partida. Fue una sangrienta batalla cuerpo a cuerpo que me encantó. Espero que os guste el informe.


La Guardia Civil debe retroceder tras sostener un endiablado combate con la élite nacional