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viernes, 1 de febrero de 2013

San Quintín, el mundo a los pies del Imperio Hispánico


Hacía tiempo que no publicaba artículos en este blog. No ha sido por estar ocioso; mas bien por dedicarme a otras obligaciones más urgentes. Eso no significa que no haya hecho nada durante todo este tiempo. Tengo muchos artículos por publicar y otros muchos a medio hacer pero ahora que tengo más tiempo para mi mismo vuelvo a las andadas con la intención de seguir empujando esta humilde rincón de todo lo que me gusta y al que estáis todos invitados. Remprendo esta nueva etapa con un artículo de historia sobre uno de los episodios bélicos mas sonados de las armas españolas. La batalla de San Quintín puso a Francia de rodillas frente a Felipe II, un monarca que iniciaba su reinado de manera triunfal.

En 1556 la guerra entre España y Francia, que Carlos V y Francisco I habían sostenido durante sus reinados, se reanudó bajo el mandato de sus sucesores: Felipe II y Enrique II. Francia, vencida en Italia y rodeada de posesiones españolas, se negaba a su confinamiento y con su poder bélico recuperado decidió acabar con la hegemonía de los Austrias declarando la guerra a España en todos los frentes. Ante la amenaza de su antagonista, Felipe II no permaneció de brazos cruzados. Para presionar a su enemigo diseñó un plan de invasión de la Champaña desde los Países Bajos con la intención de ocupar alguna plaza fuerte importante. En julio de 1557 42000 soldados de diversas nacionalidades bajo el mando del joven y brillante duque de Saboya penetraron en Francia. Entre la hueste se hallaban dos de los tercios españoles mas temidos de la época (el de Alonso de Navarrete y el de Alonso de Cáceres).

Las tropas imperiales intentaron tomar Rocroi, pero las defensas y fortificaciones eran demasiado poderosas y decidieron buscar una presa mas fácil  menos protegida (factible de atacar por sorpresa) y de similar importancia. Se intentó tomar Guisa pero rápidamente cambió de opinión y de madrugada llegó a las puertas de la plaza de San Quintín, a orillas del Somme. Los preparativos del asedio se hicieron con celeridad y los franceses solo lograron reforzar la ciudad con 500 soldados antes que las tropas imperiales aislasen la plaza por completo. En total unos 1700 defensores.

Los franceses estaban enterados de los movimientos del ejército hispánico y el general Anne de Montmorency, al frente de 20000 infantes y 6000 jinetes, seguía los movimientos del duque de Saboya esperando el momento propicio para asestar el golpe. Montmorency planeaba atacar al ejército de Felipe II cuando asediasen alguna ciudad, cogiendo al invasor entre dos fuegos y obligándole a retirarse o a presentar batalla en una situación de desventaja táctica. Al enterarse del sitio de San Quintín, el ejército francés se decidió a combatir. El plan de Montmorency consistía en cruzar el Somme y aplastar a los sitiadores. Un proyecto no exento de riesgo, aunque Montmorency, general de mucha experiencia, creyó que funcionaría al enfrentarse a un general “joven e inexperto”

Chargez


Montmorency seguro de que la caballería flamenca del conde de Egmont había ido al encuentro del Rey para servirle de escolta encontró el momento ideal para lanzar su ataque. Además parecía que los imperiales no habían advertido su presencia y el único puente sobre el Somme parecía insuficiente para que el enemigo pudiese cruzar con celeridad a auxiliar a las tropas que cercaban San Quintín. Las conjeturas de Montmorency, aunque plausibles, no podían ser más erróneas. Había subestimado a un brillante general por su inexperiencia y lo pagaría.

El duque de Saboya había adivinado el plan de los franceses y de madrugada había ordenado a Egmont que cruzase el río con la caballería y esperase agazapado tras unas lomas en la orilla por la que avanzaba el ejército francés. Una emboscada en toda regla esperando el instante propicio. El general imperial también había previsto que un único puente sería insuficiente para cruzar con su ejército y dio la orden a los zapadores para que construyesen otro fuera de la vista de los espías franceses. Los exploradores españoles también habían descubierto un vado seguro. Toda esta información no llegó a oídos de Montmorency. Fue su condena.

A las 10 de la mañana del 10 de julio, miles de infantes franceses se dispusieron a cruzar el Somme en barcas para desbaratar el asedio y aplastar a los invasores. El río se tiñó de sangre. Los arcabuceros españoles lanzaron una lluvia de fuego sobre los asaltantes infiriéndoles miles de bajas, aunque al final los franceses lograron entablar combate con los defensores imperiales pero no eran suficientes y estaban diezmados por el fuego recibido al cruzar el río. El duque de Saboya había dado ya la orden de que su infantería cruzase el Somme hacia la orilla francesa, dándose cuenta que Montmorency no podría usar la suya propia, ocupada en levantar el asedio de San Quintín. Este movimiento no fue advertido por Montmorency  hasta que el enemigo avanzaba ya hacia sus posiciones. Ya era tarde. El plan del duque de Saboya había sido un éxito y sólo faltaba asestar el golpe definitivo. Montmorency dio la orden a su caballería de enfrentar el grueso de la fuerza imperial. Los jinetes franceses se lanzaron a la carga; el momento había llegado.

La caballería de Egmont lanzó su emboscada cogiendo a los franceses de flanco y por la retaguardia. Fue una matanza. Las tropas de Montmorency no tuvieron posibilidad de reaccionar. Pensaban repeler a un cuadro de infantería y cuando se acercaron quedaron perplejos al ver que era todo el ejército imperial el que estaba cruzando el río. Sin tiempo de retroceder fueron masacrados por la carga sorpresa de Egmont. Los franceses supervivientes se dispersaron e intentaron volver a sus líneas. El duque de Saboya había engañado al veterano Montmorency dejando una fuerza, grande en apariencia, suficiente para mantener sitiada la plaza y defender la orilla mientras cruzaba el río con el grueso de sus efectivos fuera de la vista del enemigo.

Además, Montmorency no pudó enviar nada en apoyo de la caballería pues el grueso de la infantería estaba trabada en combate en los pantanos o intentaba cruzar el Somme. El panorama era funesta y el general frances dio la orden de retirada para evitar una catástrofe aún mayor. La infantería superviviente volvió a los botes y regresaron al punto de partida. Montmorency logró reagrupar a la mayoría de sus soldados y dio la orden de retirada bajo cobertura de sus jinetes supervivientes. Pero el duque de Saboya no iba a dejar escapar a la presa ahora que la tenía en sus manos.

Las tropas hispánicas se lanzaron a la persecución del enemigo. La caballería de Egmont recibió la orden de sobrepasar a los franceses para cortarles la retirada llegado el momento. La mayor parte de los jinetes se destinaron a esta empresa mientras que los restantes hostigaban con virulencia la retaguardia enemiga, los carros de provisiones, y la artillería ralentizando la marcha francesa ya de por sí lenta debido al agotamiento y al desgaste. Mientras, la infantería imperial seguía al enemigo a marchas forzadas. Llegado el momento la presa estaría entre la espada y la pared.

Victoria su Majestad, Victoria!


Montmorency sabía que sus maltrechas tropas no podrían sostener el ritmo. Estaban débiles, sin poder comer y sometidos a las razzias de la caballería flamenca. Necesitaba encontrar un lugar para hacerse fuerte, descansar, reorganizarse y enfrentar al enemigo. Los bosques de Montescourt eran el lugar propicio. Cual fue la sorpresa del general francés, al ver que frente al bosque les esperaba una formación de caballería imperial. La retirada era imposible. El duque de Saboya había girado la tortilla y ahora era el gabacho el que se encontraba entre dos fuegos, sin posibilidad de retirarse y obligado a entablar combate en desventaja táctica y casi sin tiempo para organizarse. Se presagiaba lo peor.

Montmorency intentó formar a su ejército de la mejor manera posible pero los hostigadores del ejército imperial no se lo pusieron fácil. Finalmente logró improvisar una formación de combate poniendo a los jinetes que le quedaban en las alas y al grueso de su infantería en el centro allí se dispuso Montmorency a combatir al frente de sus gascones. La caballería de Egmont se lanzó a la carga mientras aún formaban las tropas francesas. Los jinetes franceses de los flancos fueron aplastados (sólo unos cientos sobrevivieron) y se capturó el bagaje y la artillería. A Montmorency sólo le quedaban sus infantes que ya sufrían el acoso de los flamencos. La caballería flamenca, dotada de armas de  fuego, no podía ser frenada por las picas y no tardaron mucho en abrirse brechas entre los cuadros franceses. Por allí se infiltraron los jinetes de Egmont causando estragos entre el enemigo. Ganando tiempo hasta que el duque llegase con el grueso de sus fuerzas. A marchas forzadas no tardaron mucho en llegar al campo de batalla.

La situación era insostenible y los mercenarios alemanes del ejército francés, unos 5000, se rindieron en masa al ver las vanguardias de los temidos Tercios Españoles. Montmorency se dispuso a resistir al frente de la nobleza francesa junto a unos 13000 hombres. El duque de Saboya no iba a dar tregua al enemigo. Relevó a la caballería de Egmont para que descansase y ablandó los cuadros franceses con metralla usando sus piezas de artillería. Tras la descarga la infantería se lanzó al asalto. Los experimentados Tercios de Alonso de Navarrete y Alonso de Cáceres encabezaban el ataque seguidos del grueso de la infantería imperial. No dejaron mucho para los que venían detrás. La carga española fue de una furia y violencia sin parangón. Las arcabuceros rociaban de fuego los cuadros franceses (ya de por si desgastados) mientras los infantes, a espada y cuchillo emprendieron la masacre de los gascones. Las formaciones se derrumbaron y huyeron en desbanda. Los españoles no tuvieron piedad. No se hacían prisioneros, únicamente se les perdonaba la vida a los que parecían nobles (para pedir rescate).

De 26000 franceses, sólo 1000 escaparon con vida. La carga de los montes de Montescourt se cobró 13000 almas, sin contar las que cayeron a las puertas de San Quintín bajo el fuego de los arcabuces españoles y combatiendo en los pantanos (entre 4000 y 5000). Los 5000 presos alemanes fueron puestos en libertad bajo la promesa de no volver a levantarse en armas contra el Rey de España. Unos pocos franceses, la mayoría nobles, fueron hechos prisioneros (la nobleza quedó diezmada). Algunos españoles e ingleses que se encontraban entre ellos fueron degollados por traición. Las bajas imperiales prácticamente no llegaron al millar.

23:59 La plaza cayó el 27 de agosto, tomada al asalto. No hubo piedad. No se hicieron prisioneros entre los militares y la ciudad fue saqueada como castigo a su resistencia. Felipe II tenía París a sus pies pero su prudencia le saldría cara. Ante la falta de dinero para pagar a las tropas decidió no seguir con la conquista. Fortificó la plaza conquistada y permaneció a la expectativa. Poco después se firmó la paz de Cateau-Cambresis en 1559. Muy cara le salió a Francia pero el Rey Prudente se conformó con las migajas cuando podría haberse comido todo el pastel. Caro le acabaría saliendo a los Austrias este error de cálculo.


 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Romper el cerco


Las hordas rusas hacen acto de presencia
El pasado fin de semana del 10 y el 11 de noviembre celebramos en las Cocheras de Sants las Jornadas Alpha Ares. Como todos los años el grupo Somatent presentamos varias actividades. Entre ellas, montamos una macro partida abierta de Flames of War. Como cada año, ¡fue un éxito! Duró todo el sábado y la mesa siempre estuvo rodeada de curiosos que sacaron un montón de fotografías y se animaron a tirar unos dados. Hicimos muchos contactos, captamos algún futurible nuevo socio y luego lo celebramos por todo lo alto con una excelente cena de "germanor" en la que estuvieron presentes los amigos de Atlántica, Bandua, Warlord, Club Landwerh, Capitan Miniatures,.... No faltaron los debates a favor y en contra de la independencia de Cataluña... bueno, realmente al pobre Víctor le cayó la del pulpo siendo el único simpatizante del secesionismo... aunque se lo perdonamos porque reconoció que le encantaba visitar Madrid para pimplarse unos huevos estrellados. A recordar el mano a mano con mi amigo y compañero Manel, sangría va... sangría viene... hasta que nos las bebimos todas con la inestimable ayuda de los chicos de Warlord y de El Mercenario. Unas excelentes jornadas, ¡cada año nos superamos!

La partida

Invasión

Las posiciones defensivas de los fallschirmjager en el pueblo de Lviv esperando el inminente golpe ruso

Una compañía de paracaidistas de la 7 Flieger había sido lanzada sobre una encrucijada en Ucrania, en unas horas la resistencia soviética había sido reducida por los duros fallschirmjager de Segura von der Heydte y éstos habían establecido un perímetro defensivo en el pueblo. La población era una importante encrucijada de caminos con un puente sobre un caudaloso río que garantizaría el rápido avance de los panzer del Mariscal August. Unos exploradores paracaidistas regresaron al pueblo e informaron a Segura von der Heydte de que una gran fuerza del ejército rojo había establecido una fuerte línea defensiva en la carretera de entrada al pueblo para contener la inminente llegada de los carros de August. 

Los rusos montan una línea defensiva de ingeniero y cañones AT para contener el avance de los panzer
El enemigo había concentrado en aquella posición un gran número de ingenieros y de cañones anticarro. Segura von der Heydte vio en seguida que aquello presagiaba un contraataque inminente contra sus posiciones. Rápidamente dio orden de reforzar las defensas. La infantería veterana alemana comenzó a cavar con furor estableciendo tres círculos defensivos apoyados por varias secciones de ametralladoras MG34, una dotación de cañones anticarro Pak 38 y un par de los nuevos cañones de asalto Stug G F/8. El puesto de mando se ubicó en el interior de la iglesia. El objetivo era sostener la posición y esperar a que las tropas Panzer rompiesen el cerco y penetrasen en el pueblo.
Los carros alemanes se preparan para romper la línea que les separa de sus camaradas fallschirmjager

Por la Madre Patria

La Sthraf al amparo de los tanques

Un puñado de supervivientes llegaron extenuados al puesto de mando del general Jaimovich del Ejército Rojo. Las noticias que traían no eran buenas. Una compañía de fallschirmjager los había cogido por sorpresa y había reducido a la nada a las dos compañías de soldados que defendían Lviv. Aquello implicaba un inminente avance de panzers pues la aldea poseía el único puente intacto en varios cientos de kilómetros. Si los alemanes lograban avanzar sus carros un ejército entero quedaría rodeado y perdido sin remisión. Jaimovich llamó por teléfono al mariscal Alarkonov de la Guardia para que pusiese en alerta a sus unidades blindadas y las enviase a repeler un ataque de panzer en los alrededores de Lviv. Para ganar tiempo decidió cercar el pueblo con varias divisiones de infantería y montar una línea de contención con todos sus cañones cazacarros y las compañías de ingenieros. El objetivo era aguantar hasta que llegasen las reservas blindadas y las divisiones de fusileros de la Guardia para impedir que los panzer entrasen en contacto con los fallschirmjager rodeados en Lviv.

El Mariscal de Campo August, a bordo de su Panzer 38T, divisaba en el horizonte las cúpula de la iglesia ortodoxa de Lviv. Una columna de humo negro se alzaba por encima, sin duda la guarnición fallschirmjager debía estar recibiendo un poderoso contraataque. Los blindados avanzaban a buen ritmo cuando de repente un Panzer III voló en pedazos. Una lluvia de obuses anticarro comenzó a silbar alrededor de los tanques y la columna detuvo su avance. Los rusos habían montado un frente antitanque para evitar que los alemanes se reuniesen con sus camaradas atrincherados en Lviv. August dio orden a sus oficiales de dividir la formación en dos. 

Perpectiva de el avance de tanque de August y el bombardeo de humo de la artillería alemana
El núcleo defensivo estaba en un grupo de granjas y casetas tras una línea de trincheras. La idea era tomar las edificaciones mediante una pinza que desintegrase los flancos y aplastar desde dos lados a la infantería. Los Marder III se situaron en un promontorio por delante de una unidad de artillería de campaña y comenzaron a batir las posiciones fortificadas. La artillería lanzó intensos bombardeos de humo sobre los cañones anticarro soviéticos para cubrir el avance de las formaciones de tanques alemanes que se disponían a avanzar hasta posición de fuego efectivo y montar una línea que les permitiese desgastar las posiciones fortificadas rusas aprovechando su devastadora potencia de fuego. Varios pelotones de panzergranaderos a bordo de su halftracks seguían el avance de los blindados tomando posiciones desde las que lanzar un futuro asalto. Era de vital importancia quebrar aquella férrea resistencia. Los paracaidistas de Segura von der Heydte no aguantarían eternamente ante todo lo que se les venía encima.

Los paracaidistas que integraban el primer círculo defensivo en una línea avanzada al otro lado del río oían el pesado avance de un gran número de carros. No había contacto visual pero estaba claro que los rusos pensaban lanzarles todo lo que tuvieran disponible. Desde el campanario de la iglesia, los observadores vieron poderosas formaciones artilleras que montaban sus piezas precipitadamente sobre una posición elevada al sudeste del pueblo. Los Stug se pusieron en posición defendiendo el puente mientras un pelotón de fallschirmpioneer tomaba posiciones para lanzar un contraataque ante el más que probable asalto de los carros bolcheviques. 

La primera línea se dispone a aguantar a la masa bolchevique que llega en oleadas mientras los Stug y los pak continen los T34
Las dotaciones de los cañones antitanque apilaban sus obuses y ultimaban sus fortificaciones. Cuando una poderoso fuego de mortero les obligó a ponerse cuerpo a tierra. Era el preludio del ataque. Dos poderosas formaciones de infantería surgieron de repente de los bosques del sur y del este. Se disponían a cruzar el río por dos puntos. Una poderosa formación de T34 apareció junto a la carretera apoyando a los fusileros y por delante de ellos lo que parecía un batallón penal se lanzó a la carrera aullando y gritando sobre las posiciones alemanas: Za Stalina!!



Jaimovich tenía una panorámica excepcional del poblado desde los bosques del Sur. Al este, las primeras formaciones de rifles de la Guardia de Alarkonov estaban comenzando su avance. Jaimovich pretendía lanzar sus carros contra las posiciones alemanas para cubrir el avance de la Sthraf que su enorme horda de fusileros. Las bajas no eran un problema... aquellos traidores debían redimirse con sus camaradas y además... tras los bosques tenía en reserva otras dos enormes formaciones de infantería. 

La Guardia de Alarkonov toma posiciones al este para preparar su asalto
Alarkonov debía establecer posiciones avanzadas a la espera de apoyos blindados para hacer lo mismo desde el este. El 212 de fusileros de la Guardia avanzaría por los bosques del norte para reforzar las posiciones de los ingenieros y evitar así que los carros alemanes rompiesen el cerco. Los tanques de la Guardia deberían tomar por retaguardia a los tanques alemanes y destruirlos, mientras que el resto de t34 y KV en reserva apoyarían el ataque al pueblo o, llegado el momento, lanzar el asalto final contra los fascistas. Aún así, Jaimovich no las tenía todas consigo. Conocía la fama de temerario de Alarkonov y su fama de haber logrado su estatus a costa de enormes sacrificios humanos en forma de asaltos suicidas. Había obtenido éxitos pero a veces su impulsividad había dado al traste con planes excelentes.

Hurraaaaaaah!!!!!!


Los panzer desgastan las defensas rusas
Los cañones antitanque rusos comenzaron a sucumbir ante el fuego concentrado de los Panzer de August. El ritmo de bajas ascendía más rápido de lo previsto. Los tanques alemanes avanzaban en línea escupiendo una poderosa lluvia de fuego que casi no pudo ser respondida por los cañones rusos. Los ingenieros se prepararon ante un asalto inminente de los colosos de metal y comenzaron a preparar sus rifles antitanque para contener a los blindados del Reich. La artillería alemana siguió lanzando humo sobre los defensores, los Marder sembraron el caos entre los rifles antitanque de los defensores y los panzergranaderos continuaron avanzando en cobertura mientras una unidad de reconocimiento se desviaba por detrás de un bosque cercano.

En el poblado los Stug pusieron fuera de combate a varios T34, pero eran tantos que finalmente sucumbieron ante el hervidero de disparos soviéticos. Los cañones AT alemanes sostuvieron el frente dejando inoperativos a varios carros rusos pero no pudieron evitar el asalto blindado sobre la primera línea alemana. Desprovistos de equipo antitanque, los fallschirmjager de primera línea aguantaron el empuje soviético y no entraron al choque. Los supervivientes se retiraron cruzando el río como pudieron y se integraron en las fortificaciones de segunda línea. Los carros rusos formaron la línea y se dispusieron a dar cobertura al avance de la infantería. El Dios de la Guerra soviético lanzó su colero al interior del pueblo mediante un poderoso bombardeo de cañones y morteros que sin embargo tuvieron escaso efecto entre los defensores. Los curtidos paracaidistas aprovecharon los escombros para fortificarse aún mejor. Sin duda los artilleros rusos les habían hecho un flaco favor. La Sthraf recibió la orden de lanzarse al asalto y lo hizo gritando a través del río. Los fanáticos se lanzaron a pecho descubierto contra las posiciones alemanas de la otra orilla del río ante la posibilidad de redención. Las MG alemanas y las armas de la infantería alemana rugieron sin cesar lanzando una virulenta cortina de fuego que dejó el río sembrado de cadáveres bolcheviques.

Pero los temerarios rusos no desistieron. Muchos quedaban aún vivos y lanzaron un asalto contra las posiciones alemanas. Las MG escupieron fuego de nuevo. Sus cañones estaban al rojo vivo y los asistentes no daban abasto a la hora de municionar aquellas increíbles herramientas de destrucción. El valor de los jóvenes integrantes del batallón penal no fue suficiente y fueron repelidos. Cientos de ellos yacían muertos por doquier. La unidad había sido diezmada y ahora debía reagruparse. Su posición era complicada pues ahora recibían una dura lluvia de fuego de mortero de la que era difícil escapar empantanados en la zona del río. Las ráfagas de las ametralladoras alemanas no ayudaban. Sólo el asalto de un batallón de fusileros soviéticos que avanzaban tras ellos alivió su situación.

Por Stalin Dabai, Dabai! Los valerosos muchachos del tercer ejército de rifles se lanzaron a la carga vadeando el río. La matanza de sus camaradas del batallón penal no los amedrentó. Su número era aún mayor, ¡prevalecerían! O eso pensaban. Cientos de reclutas comenzaban a caer ante la lluvia de las ametralladoras y los impactos de los morteros. La distancia que les separaba de Lviv se les hacía cada vez más larga a pesar de que solo 200 metros los separaban de su objetivo. Muchos jóvenes rusos sucumbían pasto del fuego alemán, pero el sentimiento de venganza y el amor por la patria (y también las ejecuciones de los comisarios políticos) eran tan intensos que continuaban su avance. Las primeras líneas se lanzaron al río dejando un enorme reguero de cadáveres. El río se había teñido de rojo; un espectáculo atroz que no enternecía a los tiradores alemanes que seguían segando vidas sin compasión. ¡Era vencer o morir!

Segura von der Heydte estaba preocupada los rusos eran inmunes a las bajas y su segunda línea había recibido el fuego de varios lanzallamas. Los rusos habían abierto una brecha y una muchedumbre se lanzó por ella al asalto. Rápidamente, dio órdenes a los paracaidistas del otro lado del pueblo para que lanzasen un contraataque y apuntalasen el frente. Los comunistas se batían con honor pero finalmente su ataque logró ser rechazado ante el contundente contraataque alemán apoyado por el fuego de sus HMG. El tercer ejército de rifles había desaparecido literalmente. Pero no todo era bueno para los alemanes. El sacrificio del tercer ejército de rifles había dejado muy maltrecha la segunda línea defensiva. 
Mas y más rusos llegan al frente
Los alemanes no se habían acabado de reponer del golpe cuando dos inmensas formaciones de fusileros soviéticos se lanzaron a la carga desde los bosques del Sur. Los últimos supervivientes de la Sthraf también perecieron en el río.  En los bosques del este apareció la legendaria María Obradorska y Alarkonov, quizá para hacer méritos dio la orden de asalto sin esperar la llegada de los blindados. A María no le quedó más remedio que apoyar el asalto. El 37 batallón de fusileros de la Guardia se lanzó sobre las posiciones avanzadas alemanas en una carga suicida. El fuego defensivo dejó a la unidad por debajo de la mitad de su capacidad pero los disparos y arengas del comisario político evitaron el derrumbe de la moral y la unidad continuó con el ataque. El T34 de Obradorska abrió una pequeña brecha y los supervivientes la siguieron.

La posición de los fallschirmjager era crítica, el poblado estaba a punto de caer cuando Segura dio la orden a sus ingenieros de que lanzasen un contraataque. La medida tuvo éxito, el carro de Obradorska fue hecho pedazos por los panzerknackers de los pioneer y la maltrecha segunda línea exterminó lo que quedaba del 37 batallón de Guardias. Los supervivientes se refugiaron en el bosque y Jaimovich le pegó una tremenda bronca a Alarkonov por lanzar a una muerte segura un batallón entero en el momento inadecuado: ¡Tenías que esperar a los carros, a los carros! El camarada Stalin será oportunamente informado Espero que te manden al GULAG o algo peor.

Los cañones Antitanque son aplastados con algunas pérdidas y la panzer se dispone a asaltar el objetivo
Al norte, los cañones rusos habían sido erradicados y las formaciones panzer se lanzaron al asalto. Los Marder continuaron liquidando PTRD mientras dos formaciones de panzer III se lanzaron sobre los ingenieros. El intercambio de golpes fue durísimo, muchos ingenieros y fusileros rusos fueron aplastados por las orugas de los panzer pero finalmente los carros se retiraron a reorganizarse. Si tiempo de reposicionarse los rusos quedaron a merced de más formaciones panzer. August tenía la intención de romper la línea rusa en aquel momento antes de que llegasen refuerzos costase lo que costase. Un bombardeo de artillería ablandó a los defensores de las granjas y en ese momento los Panzer IV quebraron la resistencia del flanco derecho y los panzer III penetraron en el poblado. A la izquierda los ingenieros repelieron un nuevo asalto de los panzer. 

A lo lejos un panzer IV voló en pedazos. Una unidad de ISU venía de reserva a socorrer a los defensores pero su avance demasiado expuesto facilitó la respuesta alemana. El resto de panzer IV giraron sus torretas y acribillaron a los blindados soviéticos sin compasión. Sólo quedó de ellos un amasijo de metal humeante. La posición de los defensores rusos era insostenible y los refuerzos prometidos no llegaban. Una compañía de panzer granaderos lanzó un último asalto letal. Los últimos defensores rusos fueron aniquilados y Von August consolidó la posición estableciendo un anillo defensivo alrededor del grupo de casas. Situó algunos panzer en los bordes de la carretera para repeler cualquier intento de ayuda y lanzó el resto de sus unidades y a una compañía de panzergranaderos hacía el Lviv a marchas forzadas. Los paracaidistas sólo tenían que aguantan un poco más. Los Marder se resituaron y la artillería alemana se tomó un respiro.

La panzer extermina la resistencia soviética, toma el objetivo y se reposiciona
El 15 batallón de fusileros de la Guarida estaba siendo contenido por una unidad de reconocimiento alemana. Finalmente lograron ponerla en fuga lanzando un asalto. Sin amenazas cruzaron el bosque a marchas forzadas sólo para ver que el ejército rojo ya no controlaba la posición. Alarkonov recibió el informe y montó en cólera. Aquel no estaba siendo su día. Dio la orden de retomar la posición a toda costa. El oficial apoyado por el comisario político liquidó a un par de irreverentes que querían hacerles entrar en razón. Finalmente los soldados se dispusieron a atacar y se lanzaron a campo abierto contra los tanques y panzergranaderos que custodiaban la posición. No se volvió a tener noticias de ellos. Todos murieron o fueron apresados y conducidos a los campos de prisioneros en el lejano oeste.

Los guardias intentan retomar la posición perdida pero son repelidos y aplastados por el fuego alemán


La situación de von der Heydte era crítica dos nuevos ejércitos de fusileros rusos estaban asaltando sus posiciones, mientras un gran número de T34 se abrían paso por el puente hacia el interior del pueblo. Los T34 aplastaron a los remanentes de la segunda línea y fue en este preciso momento cuando los ingenieros alemanes demostraron de nuevo su valor. De entre las ruinas y las fortificaciones formaciones de ingenieros y cuadros de oficiales armados con pzknackers se lanzaron contra los carros soviéticos. Muchos buenos soldados cayeron ese día pero ni siquiera la numerosa formación de carros rusos pudo contener el contraataque. Ni un sólo tanque quedó operativo. Con muchas bajas los defensores alemanes volvieron a sus posiciones que ya sólo se reducían a un pequeño cordón de ingenieros que rodeaban la iglesia. Tras los humeantes tanques destruidos la infantería ruso avanzaba por el puente contenida por el fuego de las ametralladoras del campanario. 

Los tanques rusos ceden ante el empuje de los pioneer y los pzknackers alemanes y son todos destruidos
En la zona del río la resistencia alemana se derrumbó ante el asalto del 57 ejército de rifles. El fuego defensivo alemán causó muchas bajas pero la línea estaba muy debilitada y los defensores fueron pasados a cuchillo por las hordas soviéticas. El asalto se llevó por delante los últimos Pak y una unidad de morteros. Los supervivientes del sector, separados de su mando, huyeron hacia el norte para salvar sus vidas. Los rusos consolidaron su posición en la periferia del pueblo pero no pudieron avanzar más por las ruinas bien defendidas por los escasos paracaidistas.

Las posiciones alemanas no aguantan el empuje soviético que consolida con graves pérdidas. los alemanes establecen una última línea defensiva
Dos carros Tiger entraron en reserva justo por detrás de las posiciones de Jaimovich atrayendo la atención de la retaguardia del 57 ejército y del 175 de Guardias haciendo que los asaltos fuesen más débiles. Alarkonov envió a sus KV a erradicar a aquellos monstruos pesados. En el intercambio de fuego prevaleció la mejor preparación y capacidad de las tripulaciones del 505 Schwere panzerabteilung. Los KV fueron contenidos a costa de perder a uno de los Tigres. La situación de Segura von der Heydte era crítica. Unos cuantos defensores dispersos contenían a los rusos mientras sólo quedaba un tercer anillo defensivo efectivo en los alrededores de la iglesia. 



Uno de los Tiger es destruido
El pueblo es liberado y los atacantes se retiran
Los rusos se refugiaban entre las ruinas y comenzaban a batir las defensas alemanas cuando una explosión acabó con un grupo de comunistas que se ocultaban tras un muro bajo. Ante la estupefacta mirada de los defensores varios panzer III y IV avanzaron a través de sus posiciones castigando las posiciones avanzadas rusas mientras que decenas de panzergranaderos saltaban de sus vehículos y reforzaban las  
maltrechas posiciones de los paracaidistas. La posición había resistido y los alemanes controlaban Lviv y su valioso puente mientras los fusileros del 57 ejército y del 175 de Guardias se retiraban ante la nueva amenaza de los tanques contra los que no tenían ninguna posibilidad. Al norte varias formaciones de T34 hicieron acto de presencia. Pero la batalla ya había terminado. Acabaron con la artillería alemana e hicieron un intento de ataque... pero retrocedieron cuando los bien colocados carros alemanes destruyeron varias decenas.

Los T34 aparecen justo cuando no son necesarios, eliminan la artillería y reciben unas cuantas bajas. Deciden retirarse
23:59 Victoria aplastante alemana, los panzer cruzaron el puente y pillaron en pelotas a 10 ejércitos rusos que se rindieron en masa con su moral derrumbada. Jaimovich se retiró a Moscú para informar sobre el camarada Alarkonov. Y de éste último no se volvió a saber nada. Quizá sus huesos reposen en alguna fosa y sea carne de presidio en algún lugar de la Siberia. Partida genial y de lo más competida en la que por primera vez vencieron los alemanes brillantemente liderados por August y Segura von der Heydte. Ambos oficiales fueron condecorados con las hojas de roble y se ganaron un reposo junto a su unidad en el soleado sur de Italia.

miércoles, 24 de octubre de 2012

El Duque de Alba: la leyenda crece

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La guerra contra Francia y la batalla de Mülhberg

Retrato ecuestre de Carlos V
Fernando Álvarez de Toledo se estaba convirtiendo, poco a poco, en uno de los adalides de los aguerridos Tercios y en hombre de confianza del Emperador Carlos V. Pero su carrera sólo había hecho que comenzar. Francia jamás había renunciado a sus pretensiones italianas ni a sus intereses sobre los territorios hispánicos del lado franco de los Pirineos.



Desde 1535 las escaramuzas contra los franceses se venían sucediendo con mayor frecuencia hasta tal punto que la situación era ya insostenible. A punto de estallar la guerra, Alba se opuso a comenzar la campaña sitiando la ciudad de Marsella. Este puerto estaba muy bien defendido y un asedio prolongado habría dado muy pocos beneficios y hubiera permitido reorganizarse a un ejército francés debilitado por los conflictos bélicos anteriores. Fernando recomendó encarecidamente atacar Lyon, pero sus estrategias fueron desoídas; el tiempo acabó dándole la razón. Las tropas imperiales sitiaron Marsella pero su situación era precaria y los soldados estaban sometidos a un hostigamiento constante por los defensores. La retirada se presentó como la única opción viable.


El Duque de Alba estableció una zona de desembarco segura para que Andrea Doria descargase los suministros que las tropas necesitaban. Bien pertrechadas, las tropas del Emperador se retiraron garantizando Alba una buena cobertura. En los combates cayó su amigo, y clásico de la literatura española, Garcilaso de la Vega. Alba pasó todo el año de 1537 en España mientras se negociaba una tregua con Francia. En julio de ese año pereció su padre. Y en 1538 formó parte del séquito imperial que firmó el tratado de paz con los franceses en la ciudad de Niza.


Con una Europa temporalmente pacificada, el Emperador Carlos V tuvo libertad de acción para sumergirse en nuevas empresas. Ese mismo año convocó Cortes en Toledo con la intención de obtener fondos para preparar una nueva expedición a la ciudad de Argel. Las Cortes denegaron la petición imperial y Carlos V hubo de acatar esta decisión ante una inesperada sublevación en su ciudad natal: Gante. Los insurrectos protestaban contra las altas tasas imperiales y sembraron el caos en las calles. Alba participó en la represión y el conflicto quedó apaciguado rápidamente. Los rebeldes pidieron ayuda a Francisco I. Pero éste, se la negó debido al reciente tratado de Paz; además permitió el libre paso de los ejércitos españoles y agasajó a Carlos V con grandes festejos. Sin la ayuda extranjera los insurrectos fueron fácilmente controlados y reducidos por la fuerza.


En 1541 se planificó una nueva expedición contra Argel. Fernando Álvarez de Toledo estaba en Cartagena preparando a sus tropas para un desembarco. Pero debido al pésimo tiempo muchos buques se hundieron o se encallaron imposibilitando la operación. Tras estos inconvenientes, la campaña se postergó ante un nuevo conflicto con los franceses. El ataque de Francisco I contra los territorios navarros y del Rosellón era inminente y el Emperador encomendó a Alba la defensa.


Éste optó por una táctica de disuasión. Fortificó la frontera Navarra y la plaza de Perpiñán. El grueso de su ejército de campo lo situó en Gerona para un contraataque en caso de una hipotética ofensiva francesa. Además se ganó el apoyo de la población local. Como solía tener por costumbre, el Duque de Alba hizo acampar a sus huestes fuera de pueblos y núcleos habitados minimizando así el impacto sobre la población civil. También hizo que la mayor parte de vituallas se comprasen a la población local. Aunque parezca mentira y muchos se empeñen en pensar lo contrario, las tropas castellanas seguían esta directriz a rajatabla salvo en casos excepcionales.


La población local agradecía el gesto suplicando que el Duque se alojase en sus villas (algo a lo que siempre renunció) y abasteciendo de víveres a los soldados.  Francisco I no cayó en la trampa y siendo consciente de la solidez y brillante disposición de la línea defensiva española no se atrevió a emprender una acción que le hubiese ocasionado duras pérdidas que no estaba dispuesto a asumir.  El ejército francés se retiró.


En 1543 el Emperador parte hacia los Países Bajos dejando a su hijo Felipe como regente y a Alba como Capitán General de todos los ejércitos de la Península. Ese mismo año preparó la boda del Príncipe con María de Portugal. En 1544 firmó la paz de Créspy que terminaba con los últimos conflictos entre españoles y franceses. Una de las condiciones era la boda entre María, hija de Carlos V, y el Duque de Orleáns. La dote de María sería el Milanesado o los Países Bajos. Alba recomendó encarecidamente ceder Flandes pero el Emperador no estaba dispuesto a renunciar a su territorio natal y se inclinó por Milán.


De todas maneras, no se perdió ni uno ni otro porque el Duque de Orleáns murió en septiembre de 1545, antes de que se produjese la cesión por lo que ésta quedó invalidada. En enero de 1546 marchó a Utrecht, donde se le recompensó con un puesto en la Orden del Toisón de Oro; en abril estaba en Ratisbona, lugar elegido por el Emperador Carlos V para acabar con la Liga de Esmalkalda. Mientras esperaban el grueso de las huestes imperiales, Carlos y Alba se refugiaron en la plaza de Landshut, al sur. Las tropas de Carlos V, se fueron congregando poco a poco en Ingolstadt y cuando todos los preparativos estuvieron listos, el ejército partió en busca del enemigo.


Los protestantes evitaron el enfrentamiento campal y se retiraron. Alba optó por no perseguir al enemigo aprovechando para recuperar el control de varias plazas situadas en los márgenes del Danubio. Estos movimientos provocaron la rendición y sumisión de muchos príncipes luteranos pero pese a todo, los principales líderes de la Liga: Juan Federico –Duque de Sajonia- y el Landgrave de Hesse, Federico; continuaron con su oposición. El Duque de Sajonia se batió con éxito hasta que Carlos V y Alba, al frente de las tropas, se dirigieron hacia el Elba y cruzaron el río a la altura de Mülhberg durante la noche del 23 de abril de 1547.


Mülhberg, la consagración del mejor militar de la época



Disuelto el ejército de la Liga de Esmalcalda en noviembre de 1546, sólo quedaba un único foco de resistencia en toda Alemania que Fernando, hermano de Carlos V, y rey de Bohemia y Hungría no lograban controlar. El retorno de Juan Federico y sus tropas no hizo más que agravar esta situación. Al final el Emperador no tuvo más remedio que intervenir enviando al marqués Alberto de Brandemburgo  al frente de un ejército alemán compuesto de 4500 infantes y 1800 caballos.

El marqués recibió el refuerzo de 2000 caballeros, proporcionados por Fernando y 1500 más aportados por Mauricio de Sajonia. El objetivo teórico era sitiar a las fuerzas protestantes e impedir su libre movimiento destacando las tropas en Dresde, Freiberg, Zuibeck  y Leipzig. En principio la situación se sostuvo y ninguno de los bandos dio ningún paso por el momento. Las huestes imperiales se mostraron poco resolutivas y el propio Emperador decidió poner rumbo a Ulm con el grueso de sus fuerzas. Juan Federico, probablemente al tanto de estas noticias, fue el primero en golpear.
  
Acudió con gran parte de sus fuerzas a provocar al marqués de Brandemburgo, mientras que enviaba el resto de sus tropas a la región de Bohemia. Alberto cayó en la trampa y prefirió dar una batalla en vez de defender la plaza. Su caballería fue desbaratada y el marqués tomado como prisionero. Las cosas no iban bien para las fuerzas imperiales. 

Carlos V tenía bajo su mando a los Tercios de Nápoles, Hungría y Lombardía tres regimientos de infantería alemana, dos Tercios Viejos comandados por Mariñano y Madrucho y uno bisoño al mando del caballero Hanzbalter. También contaba con 2000 caballos y varias compañías de arcabuceros. Con estas fuerzas partió Carlos a someter a Juan Federico adelantándose el Duque de Alba para preparar la arribada del Emperador a Nuremberg.

El duque de Sajonia tenía su campo en Maizen y contaba con 6000 infantes, 3000 caballos y 21 cañones. Las tropas imperiales no le dieron tregua y marcharon en su persecución para obligarle a pasar estrecheces de suministros y evitar que tuviese tiempo de convencer de su causa a más alemanes. Las fuerzas protestantes fueron sometidas a un duro acoso durante su retirada. Juan Federico intentaba huir hacia Wittenberg siguiendo la orilla del Elba desde Maizen. El elector de Sajonia había ordenado quemar todos los puentes de la zona que cruzaban el río. Carlos V envió destacamentos de reconocimiento y finalmente obtuvieron noticias de que Juan Federico se alojaba en la villa de Mulhberg y que además, según la población local, allí había un vado que, no sin peligro, permitía cruzar el Elba.

El Emperador dio orden de cruzar al grueso de su ejército y de dar batalla a los luteranos impidiendo otra retirada. La operación tenía muchos riesgos ya que las tropas enemigas, bien parapetadas al otro lado, podían defender eficazmente la orilla opuesta. Aún así, la orden se acató y las tropas partieron tras la artillería y la caballería dispuestas a cruzar el vado y presentar batalla en Mulhberg. Las tropas imperiales se colocaron en un punto apto para pasar el río en el que además estaban cubiertos por bosque que impedía que el enemigo los divisase.
El cruce del Elba y la batalla de Mülhberg

El duque de Alba envió a decenas de exploradores a obtener información de la población local para saber con exactitud dónde estaba el vado. Además envió a 100 arcabuceros españoles y 400 caballos húngaros a reconocer la villa de Torgau pues dicho pueblo tenía un puente que permitía cruzar el río. Sin embargo, los exploradores encontraron gente dispuesta a colaborar en venganza a las injusticias que cometían contra ellos las tropas del elector de Sajonia. En concreto, un villano informó de donde se hallaba el vado y se ofreció a cruzarlo con las tropas a modo de guía. También se obtuvo confirmación de que Juan Federico se hallaba efectivamente en Mulhberg.

Los protestantes tenían sus barcas pegadas a su orilla preparadas para usarse ante cualquier vicisitud. La orilla enemiga tenía una buena pendiente y además los arcabuceros enemigos contaban con un muro que les proporcionaba cobertura.
Tras reconocer la zona y sufrir algunas salvas de la artillería rebelde. El duque de Alba partió a informar al emperador.

Carlos V avanzó al frente de varios cañones escoltados por unos 1000 arcabuceros españoles hacia los bosques. Allí se dispusieron los cañones y las tropas. Quedando el grueso del ejército en su posición original. Las tropas de avanzada iniciaron una escaramuza contra las tropas que defendían las barcas protestantes. Los arcabuceros españoles sembraron el terror entre el enemigo metiéndose en el río y disparando sus armas contra los protestantes. Álvaro de Sande llegó al frente de otros 1000 tiradores españoles para reforzar la escaramuza de distracción manteniendo a raya a los defensores durante todo el día con tanto pánico que no osaban asomar la cabeza por encima de las protecciones.

En Torgau también se dieron combates entre los exploradores y Juan Federico vio enseguida el riesgo de quedar atrapado en medio si las tropas del Emperador eran capaces de cruzar el Elba por el puente de la villa. Así que ordenó a su campo retirarse siguiendo la orilla con la intención de ganar tiempo para que las levas de Pomerania y Sajonia se completasen y así poder enfrentarse de igual a igual contra las tropas de Carlos V.

Ante la retirada del enemigo se hacía prioritario cruzar el río sea como fuere. Y en esto demostraron de nuevo su audacia los soldados españoles de los tercios. Según las crónicas un español se desnudó y se lanzó al río con la espada entre los dientes y por lo que parece a éste le siguieron dos o tres más y luego otra decena. Cruzaron el Elba con el agua al cuello soportando el fuego enemigo y una vez en la otra orilla pasaron a cuchillo a los defensores que custodiaban las barcas –pocos, pues la mayoría se unieron a la retirada general-. Con la zona asegurada, tomaron las barcas y las llevaron hacia la orilla imperial cruzando de nuevo el Elba.

Gracias a las barcazas y al vado cruzó la caballería imperial húngara y napolitana. Tres intentos hicieron falta para poder llegar a la orilla pues los defensores bien parapetados dificultaron mucho la empresa, pero finalmente al tercer intento la caballería ligera llegó al otro lado y se lanzó a hostigar la retaguardia enemiga en retirada. La caballería protestante se revolvió para hacer frente a la amenaza, y siendo más consiguieron repeler a los imperiales. Pese a esta escaramuza la cabeza de puente estaba ya asegurada y mas tropas cruzaban el Elba por el puente de barcas y por el vado.

Con los dos extremos del río tomados, se acercaron a la orilla los carros que transportaban un puente desmontado y se instaló para aligerar el paso del ejército. La primera en pasar fue la infantería española de los Tercios a la que debían seguir los lansquenetes alemanes y 500 caballos. El Duque de Alba ordenó que toda la caballería ligera cruzara por el vado llevando a un arcabucero en la grupa que serían seguidos por los caballos pesados napolitanos y la caballería del conde Mauricio de Sajonia. Con éstos últimos cruzó Carlos V.

El imperio de Carlos V
Con una fuerza poderosa Alba dio el golpe que estaba preparando. Mandó bajar a los arcabuceros y avanzar con la infantería mientras daba la orden general a toda la caballería de cargar contra la retaguardia enemiga que se retiraba. Los exploradores se aseguraron de que no había tropas enemigas emboscadas y la caballería imperial se lanzó a la carga encabezada por el Duque de Alba y el Emperador.

Juan Federico vio el peligro que representaba la carga de caballería imperial para su ejército. Aquello podía acabar en una desbandada así que dio la orden a sus 3000 caballos de que rompiesen la vanguardia de Alba, mientras daba la orden de atrincherarse en un bosque cercano a parte de la infantería para cubrir la retirada. La caballería imperial no se amilanó. Los húngaros apoyados por herreruelos de Mauricio de Sajonia avanzaron por la derecha desbaratando a una formación de arcabuceros enemigos. Fue entonces cuando el Duque de Alba ordenó tocar las trompetas y se lanzó al ataque encabezando a la caballería imperial arropado por los hombres de armas napolitanos. El choque fue tan virulento que la caballería enemiga quedó rota y tal fue el impulso que las tropas de Alba se llevaron por delante a un escuadrón entero de infantería de segunda línea.

La vanguardia de Alba se lanzó en persecución del grueso de la caballería enemiga mientras los húngaros y las formaciones dirigidas por Carlos V aniquilaban a la infantería protestante. Todo el campo de Juan Federico se retiraba de manera desordenada. Muchos intentaron retirarse por el puente de Torgau pero se encontraron con una formación de arcabuceros españoles que los recibieron con una terrible descarga de fuego dejando a muchos muertos. Tomados por dos lados el ejército de Juan Federico fue desorganizado entre una gran matanza. El propio elector fue tomado prisionero junto a todos los líderes protestantes que fueron encerrados en el castillo de Hesse escoltados por unos 1000 infantes españoles.

23:59Las tropas protestantes fueron aniquiladas literalmente. 8000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. Del lado imperial no murieron más de 50 hombres. Tal fue el calibre de la victoria de Mulhberg. El plan de Alba había funcionado a la perfección y se consolidaba ya como uno de los grandes militares de su época. Próximamente el siguiente post de Alba y los últimos hechos de su vida

sábado, 22 de septiembre de 2012

Liberación de Puerto Sudán

Y los británicos? jojoj... ummm huele a Roastbeef...
Las vacaciones han paralizado las publicaciones en éste nuestro blog pero la buena vida se acabó y de nuevo toca recuperar el hábito de escribir y publicar (o por lo menos intentarlo) artículos interesantes de todo aquello que me apasiona -que no es poco-. El viernes pasado miembros del grupo Somatent del Club Alpha Ares de Barcelona jugamos una trepidante partida de miniaturas en 28mm a la Guerra Colonial del Sudán. Fue un preludio de la fantástica mesa de juego abierta que nuestros compañeros, Eustaquio y Víctor, están preparando para las Jornadas Alpha Ares 2012. La partida se jugó con el reglamento Mc Duffi en la frontera que podéis conseguir en la página del Club Comandante. El juego es ágil y muy rápido. Ideal para jugar con muchas escuadras y muchos jugadores. La partida se hace muy amena y, sobre todo, si tenéis la misma suerte que yo en estar rodeado por unos fantásticos compañeros (aunque muchos de ellos sean un colla de insurrectos y facinerosos britano-gavachos). Bueno pues, sin más dilación este modesto corresponsal procederá a publicar el parte de guerra - o informe de batalla- siendo fiel a la verdad e informando sin un ápice de posicionamiento ni favoritismo

Y aquí los adalides de la libertad, los heroicos líderes de las tribus que asaltaron Puerto Sudán. Cabe decir que el de la izquierda también hace el papel de pseudoreportero anti británico jojojoo. 
Los de la Pérfida Albión se las prometían felices.
Tropas inglesas preparan la defensa
 El comandante inglés tomaba el sol sobre el tejado de uno de los edificios de Puerto Sudán. Desde allí tenía una posición privilegiada para extasiarse ante la inmensidad del desierto mientras daba cuenta de una botella de ginebra de la City. El calor era sofocante y la ciudad rebosaba de actividad. La población autóctona se había rebelado en masa, y por doquier, miles de sudaneses alzaban al cielo sus primitivas armas lanzando consignas ( algunas de las lindezas no son aptas para las mamás de los brits) a favor de la libertad de la patria y promoviendo la expulsión del invasor. Muchos fuertes habían sido tomados al asalto por una marabunta de negros de tal calibre que las modernas armas europeas se mostraban insuficientes e incapaces de detenerla. La guerra estaba constando sudor y sangre al noble pueblo de Sudán, pero los británicos también sufrían pérdidas, la imagen de decenas de cabezas cortadas y empaladas de la primera compañía atormentaba al comandante. ¡ No pude hacer nada por ellos, con suerte pude salvar a mis hombres! Las caras de aquellos paisanos que jamás regresarían a sus casas se le aparecían como fantasmas y sólo se dispersaban al ingerir un nuevo trago de licor. En el pueblo, las tropas imperiales y sus aliados se apresuraban en apuntalar los muros y en levantar barricadas. Aquel era el único puerto comercial del país y sin duda sería blanco de un ataque inminente.

Miles de sudaneses se acercan a Puerto Sudán ante la atónita mirada de la plana mayor pirata, digo inglesa, al fondo
Los coloniales preparan su cañón para cubrir una brecha
El comandante Sir Vic  Tresachs llevaba ya una torta de campeonato cuando vislumbró una nube de polvo que se alzaba desde el horizonte. Se frotó los ojos. Aquello no podía ser más que un espejismo. Era demasiado pronto para un ataque se dijo así mismo. Dió otro trago a la botella y se despanzurró en la butaca. La calma no le duró mucho tiempo. La sargento Liberty subió hasta su posición: ¡Sir, miles de negros encabronados vienen hacia nosotros! Les tenemos bajo los muros! Tresachs se levantó de un salto y se pellizcó la cara, aquello no era ningún espejismo, sino una horda ululante que tenía cercado el poblado por todos los costados. El comandante dió la voz de alarma y todas las unidades ocuparon precipitadamente sus posiciones. La escuadra de Sir John se encontraba en las afueras mirando un harapo con cuatro barras y una estrella que se habían encontrado al lado de un arbusto cuando escucharon las campanas. Rápidamente enarbolaron aquella estelada y formaron en línea para intentar socorrer el pueblo. Sir James comenzó a disparar a discreción desde el tejado abatiendo a muchos enemigos. Era un líder temeroso y bisoño y no estaba dispuesto a abandonar aquella posición privilegiada. Mientras, el sargento Eustaq apoyado por el cañón del turco José Pachá deberían sostener el centro ante el virulento ataque que se avecinaba.

Sir James mantiene disciplina de fuego mientras Eustaq apuntala la brecha central
Por el centro en dos oleadas serían el señuelo
Las balas escupidas por los modernos rifles no se qué Henry, silbaban alrededor de las avanzadillas sudanesas. Muchos negros caían ante los certeros tiros británicos pero nuevos y vigorosos jóvenes recogían las armas de los caídos y seguían avanzando alentados por el ansia de libertad, por las arengas de sus jefes y por la posibilidad de violentar unos cuantos traseros británicos. Los cuatro jefes habían avanzado a marchas forzadas a través del desierto para coger a los británicos en pelotas, digo con las defensas sin preparar, la idea era penetrar por la gran brecha en el muro central. Las tribus de Javif Mulahad y Juan ibn Segurasalam serían las encargadas de abrir brecha y atraer el fuego inglés mientras Sergeh al harcon y Jau me lo halal penetraban por las débiles posiciones del flanco. Javif y Segurasalam sabían que muchos de sus hombres caerían pero otros vendrían en su lugar para expulsar al invasor: Salah Malecunnnnn!!!!! UhUh Uh Uh.... Los negros se lanzaron al esprint contra las líneas de británicos. Los ingleses disparaban una ráfaga tras otra. Muchos enemigos caían pero la horda estaba cada vez más cerca. Si lograban romper la formación la ciudad sería de los sudaneses.

Mientras Jau-me lo Halal y Hal arcon deberían aplastar la débil resistencia del flanco y copar a los defensores
Al asalto
El choque fue brutal! La primera oleada de negros había sufrido muchas bajas y tuvo que reorganizarse pero gracias al sacrificio, la segunda oleada colisionó violentamente contra la línea de Sir Eustaq. El somatent independentista de Joan se acercaba por el flanco pero el fuego de sus fusiles no era suficiente para contener a los sudaneses. Mas y más llegaban por todos lados. Armados de lanzas, piedras, espadas y algún rifle capturado, estaban dispuestos a hechar a los casacas marrones al Mar Rojo. La sangre brotaba por todos lados. Decenas de cadáveres sudaneses se apilaban y formaban ya un muro natural que impedía a los británicos disparar. Los veteranos de Eustaq mostraron su valor durante toda la partida y aguantaron como colosos repeliendo uno tras otro los asaltos que se sucedían. No perdieron ni un combate en toda la partida jejeje excepto, el importante. Gracias a la ayuda de los cañonazos de José Pachá, la determinación de Eustaq y algún tiro suelto de James (que se negaba a bajar del terrado) el asalto central fue repelido. Muchos enemigos yacían muertos o heridos pero sin duda no se habían rendido. Aquellos impetuosos sudaneses se estaban reorganizando para volver a atacar.

Los británicos logran aguantar con el apoyo de los hacedores de Kehbab
El primer ataque fue repelido pero fue necesario gastar todas las balas de cañón y los británicos quedaron desorganizados
 A José Pachá no le quedaban balas de cañón y azuzó a algunos hombres de la dotación a correr al polvorín. El enemigo ya volvía para realizar otro brutal asalto. Los turcos sabían muy bien lo que les esperaba si aquellos encabronados negros los cogían. Habían matado a muchos de los suyos y lo más probable es que hiciesen con ellos carne de kebab ensartándolos en sus lanzas. Uh Uh Uh Tam Tam Tam retumbaban los tambores. El centro sudanés volvía a la carga.... Los piratas ingleses se las prometían muy felices mientras podían disparar. Pero se había acabado el chollo; el enemigo estaba encima y no iba a dejar de presionar.

El centro se reoganiza y se lanza al ataque ante el pavor de los británicos.
Hal Arcon atrae la atención de los coliniales
Mucha peor suerte corrían las defensas del flanco. Jau- Me-lo halal había pasado por encima del cañón británico y penetraba en el pueblo por una brecha mal defendida. Un cañón capturado y la dotación británica retrocedía a reforzar la línea de la Sargento Liberty que era lo único que separaba a los sudaneses del flanco de la victoria. Hal Arcon la tenía entretenida con constantes cargas suicidas que no conseguían más que engrosar el número de bajas sudanesas. El muro era sólido en aquel lugar. Pero los sudaneses volvían una vez tras otra atrayendo el fuego inglés mientras que los escaramuceadores de Halal  iban rodeando poco a poco a los británicos. El comandante Tresachs seguía en su tejado embriagado de ginebra. Estaba aislado pero su borrachera le impedía alterarse. Total, ¡A Port Sudán se venía a morir!

...mientras lo Halal, sin sufrir ni una baja, captura el cañón penetra en el pueblo y encula a un par de ingleses desprevenidos
Refuerzos sudaneses llegan sin oposición
Las cosas comenzaban a pintar mal para los corsarios imperialistas. Aunque los valerosos veteranos de Sir Eustaq, apoyados por los artilleros turcos de José Pachá, estaban aguantando estoicamente la línea repeliendo un asalto tras otro; Cientos de enemigos penetraban por la brecha abierta en el lugar del cañón capturado. El hervidero de insurrectos era cada vez mayor y la escuadra de la Sargento Liberty estaba siendo copada y comenzaba a estar en serios aprietos. Las hordas de Hal Arcón se encaramaban a los muros, sedientos de sangre y venganza. Habían derribado varias secciones de pared y su superioridad numérica comenzaba a hacerse notar. La resistencia británica estaba al límite y el futuro de la guarnición se ennegrecía por momentos. Un soldado subió a la posición del comandante Tresachs que, aunque ebrio, demostraba su excelente puntería abatiendo negros con su pistola desde el tejado. Con la otra mano sostenía su preciada botella de ginebra. El soldado alertó de peligro por la retaguardia. Varias pateras locales llegaban cargadas de enemigos y no había nada ni nadie que pudiese impedir el desembarco. Ahora si era el fin. Acabarían todos como la primera compañía: con sus cabezas empaladas y expuestas al sol.


La situación británica comienza a ser preocupante en todos los sectores. Sólo el centro aguantaba.
El centro vuelve a la carga y finalmente....
El centro sudanés hace retroceder a Eustaq
Los hombres de Sir James disparaban a discreción desde el tejado, pero su fuego era insuficiente... ni siquiera con el apoyo de la escuadra de Sir John, que había dejado de coger setas y corría al pueblo para socorrer a sus jodidos compañeros con la estelada al viento, eran capaces de detener la masa de enemigos que una vez tras otra chocaba contra la línea de Eustaq con una violencia sin parangón. Eustaq sabía que la resistencia británica estaba a punto de quebrarse. Algunos turcos de Pachá corrían hacia el polvorín en busca de munición, pero la mayoría estaba intentando entenderse con algunos sudaneses para evitar ser vejados y convertidos en carne de shawarma. El comandante Tresach
 estaba aislado y completamente ebrio, su salvación era imposible y estaba condenado a una muerte segura (previa tortura y violentamiento, claro está). Las tropas de Eustaq se mostraban inquebrantables pero no podian resistir siempre. A voces intentaba que Sir James abandonase el tejado y bájase a apuntalar la línea. El líder bisoño, muy cauto, no estaba muy convencido pero, ¡órdenes eran órdenes! Y además las hordas de sudaneses de Pedrohamed estaban saltando ya de las chalupas. La situación era crítica. Un feroz asalto por el centro abrió por fin una brecha entre las filas de Eustaq y su escuadra, que había luchado con enorme valor, debió retroceder al interior del poblado para evitar ser masacrados. La puerta estaba abierta. Los turcos estaban aislados mientras Sir James tocaba el violín en el tejado. Los seteros de Sir John no pudieron abrirse paso hasta el pueblo y formaron en línea para mantener disciplina de fuego. Los sudaneses ni les hicieron caso. El postre estaba en el pueblo y por fin les habían tomado nota: era hora de comer tarta inglesa.

La unidad de Liberty está diezmada. Tresachs en el tejado (completamente ebrio) y brecha en el centro.
Sir James apuntala la brecha. pero no aguanta ni un asalto
Los veteranos de Sir Eustaq no perdieron la calma y se retiraron en formación manteniendo a distancia a los escaramuceadores sudaneses pero los refuerzos enemigos lanzaron un nuevo asalto y los veteranos coloniales debieron mostrar de nueva su moral de acero en un sangriento combate. La determinación británica, contra pronóstico, repelió el asalto y los sudaneses debieron retroceder hasta sus barcos. Sir Eustaq, viendo que la cosa pintaba funesta, mandó formar en círculo y mantener la posición hasta el último hombre a lo Custer. El centro era ya un hervidero de enemigos y los turcos estaban ya de rodillas pidiendo clemencia (y algunos en otras posiciones más... digamos...lascivas). Sir James, pese a su indecisión, vió claro que si había alguna posibilidad de sobrevivir era bajando y luchando a bayoneta. Sus hombres formaron línea para apuntalar el centro y aliviar la desesperada situación de Sir Eustaq. Pero su valía no era equiparable a la de sus paisanos y su resistencia fue quebrada en el primer asalto. Sir James y los pocos hombres que le quedaban huyeron hacia la posición de Eustaq. ¡Quién me mandaba a mí bajar del tejado!

Los brits se hacen fuertes en el centro de Port Sudán. Sir John y sus almogávares siguen cazando moscas
El asalto final fue devastador. Los turcos se rinden y la escuadra de Sir James es atacada por el flanco en plena huida
Sir Tresach recibiendo los arrumacos de unos sudaneses
Jau.-me lo Halal, líder prudente que aspiraba a tirano del país una vez liberado, había sabido mantener a sus hordas frescas. Era el momento de su jugada maestra. Aprovechando el sacrificio de sus vecinos, Lo Halal mandó ataque general y sus negros penetraron como una marabunta sin oposición. El comandante Tresachs desapareció entre enormes cuerpos desnudos de ébano. Las tropas de Halal envolvieron la escuadra de Liberty y a los supervivientes artilleros y éstos, hostigados por dos frentes, fueron masacrados huyendo los supervivientes al desierto (de donde no creo que volviesen). La otra parte de la horda se lanzó a apuntillar el centro. Un grupo de agresivos sudaneses acabaron de rodear a José Pachá que, tras ver saltar por los aires tres o cuatro cabezas y ver como un grupo de sudaneses engrandecían los agujeros de uno de los suyos, decidió rendir el cañón, clamar por la gloria de Alá y pasarse al enemigo. El resto de la horda de Jau-me lo Halal asaltó a las tropas de Sir James y Sir Eustaq apoyando un nuevo ataque de Pedrohammed desde las pateras y las tribus del centro que venían saltando como locos agitando sus espadas al cielo. El último ataque fue devastador. Sir James y su unidad desaparecieron bajo los pies de cientos de encolerizados sudaneses que se lanzaron sobre los cuerpos para saquearlos y despedazarlos.

Liberty y algunos supervivientes huyen hacia el desierto. El flanco se colapsa definitivamente con el ataque de Halal
Port Sudán conquistado
La veterana escuadra de Sir Eustaq tampoco pudo aguantar y tras perder varios soldados consiguió mantener el orden y retirarse poco a poco hacia las posiciones de Sir John. Desde donde los dos juntitos retrocederían a un lugar menos hostil. Port Sudán estaba en manos de sus dueños locales y ahora toda la masa lanzaba gritos de jubilo y aclamaba a su héroe, Jau-me-lo Halal, como nuevo Mahdi y Caudillo del pueblo de Sudán. Las pérdidas habían sido cuantiosas pero más y más tribus seguían llegando al lugar. Tocaron los tambores, bailaron, fueron felices y comieron perdices (bueno en realidad eran trozos de inglés a la vizcaína)

Hal Arkono acabando con los restos de la dotación artillera
De izq a der: Sir John, Sir James Gruas, Comandante Tresachs, Lord Eustaq (paso de Sir a Lord por su increible papelón)
José Pachá intentando congratularse con sus aliados tras su vil traición. ¿Les estaría ofreciendo Kebab completo con picante?
Sir Víctor y César (que se lo pasó pipa haciendo de máster y viendo como los negros jugaban al teto con los brits)
23:59 Una excelente partida que debemos perfeccionar un poco. Sin duda lo que era un proyecto de Víctor y Eustaquio ha sido acogido en masa por muchos otros compañeros. Nos hemos lanzado a comprar sudaneses como locos! Agradecer también la paciencia de César que dirigió la partida en medio de un grupo de cabr... de gente impulsiva. No faltaron risas y aprendimos a usar unas reglas ágiles y que sin duda volveremos a jugar. Los que vinieron nuevos se lo pasaron pipa. Y los más antiguos también. La verdad es que cuando nos ponemos...Hasta el Mercenario disfrutó como un niño dirigiendo las hordas sudanesas en pos de la libertad.